En directo | Los escolares de O Grove visitan a las mariscadoras A pesar de que están rodeados de mar, de que muchas de sus familias viven de él, los niños mecos no dejaron de asombrarse en su excursión a la playa de Moreiras
09 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.A las nueve y media de la mañana, en la playa de Moreiras el pelete cala hasta los huesos. Pero hay quien no tiene frío: las mariscadoras que están arremangadas y trabajando desde hace rato y los escolares del colegio de Conmeniño que aterrizan en el arenal. Ellas llevan botas altas y hablan de que «non hai case nada que coller». Los chavales corren desde el autobús a la playa y comienzan a chapotear y correr de un lago a otro con sus deportivos de marca americana, sin decir ni pío sobre el aire frío que sacude la zona. Para cuando comienzan su trabajo de campo, son varios los muchachos que ya escurren sus calcetines a chorro. Empiezan a investigar. Con un cuestionario en ristre, los chavales se acercan a las mujeres para indagar cuánto duran las vedas, qué moluscos cogen, cómo es el arte de darle al sacho y cuántos años llevan dedicándose al oficio. Antes de preguntar nada, y como si se tratase de un gesto ensayado, los pequeños saludan a las mujeres con un «hola mariscadora», que hace sonreír a las trabajadoras. Luego, las mujeres les cuentan una y otra cosa hasta que los niños completan sus preguntas. Algunas muchachas, como Mónica y Judith -que son amigas y para suerte de ellas les tocó trabajar en pareja- se aplican a fondo y, antes de contestar, entrevistan bien a unas y otras mujeres. Hay otros que van más allá. Como es el caso de dos chavales con una cara de pillos totalmente delatora. Vienen del autobús y traen una bolsa plástica: «imos manghar nas navallas», dicen. Acto seguido comienzan a rebuscar, tal perseguidores de un tesoro oculto. Tras esta actividad inicial, toca reunión en las rocas. Es el momento en el que el responsable de la actividad, Francisco Meis, pone a los chavales a hacer una redacción sobre lo aprendido, «la evalución de lo que vieron», que le llama. Cuesta menos trabajar metidos en una gamela, como hacen Bruno y Rubén, quienes escriben un texto que comienza así: «Este é un oficio de mulleres e pódense coller moitas cousas» y advierten de que «mellor estamos aquí que nas clases, oh». Desde lo alto de una piedra, inspirado por el ambiente, un compañero pregunta si, en lugar de darle a la prosa, le puede dedicar un poema a estas mujeres. Su propuesta es aceptada. «Volvede outro día» Son las once de la mañana y la marea ha subido lo suyo. Cargadas con su caldero y su sacho, las mariscadoras van abandonando el arenal de Moreiras. Los chavales, a punto de empezar con una clasificación de moluscos, las despiden con un, cómo no, «adiós mariscadoras». Ellas lo tienen claro: «volvede cando queirades, non nos molestades, ao revés, sodes unha alegría». Y con esa buena sintonía, y mientras de los calcetines mojados se pasó ya a los pantalones de pana rosas y los chándales chorreantes, la visita de campo planeada por la concejalía de Medio Ambiente y la cofradía va tocando a su fin. Aunque llevan horas corriendo la playa, los chavales no cesan de saltar por los aires y decir que «tiñamos que vir todos os días aquí, isto sí que está ben». En sus idas y venidas por la playa, hay una experiencia que todos pasan por ella: se agachan, lo cogen, lo miran, le dan vueltas, le limpian la arena y corren a dar la noticia: «Profe, profe, que collín un berberecho».