La cosa política
05 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?a cuestión se lleva mascando desde antes de las pasadas elecciones municipales, las últimas a las que, por deseo propio y manifiesto, Javier Gago optó a la alcaldía de Vilagarcía. Los mimbres con los que se elaboró la candidatura del PSOE de Vilagarcía partían de esta hipótesis, lo mismo que la trayectoria del gobierno local durante sus dos primeros años tras la pérdida de la mayoría absoluta. Ahora, cuando el mandato se acerca a su ecuador, y en pleno fragor por la configuración del equipo con el que los socialistas concurrirán a las autonómicas de octubre, el tema vuelve a ponerse sobre la mesa. ¿Qué pasa con la sucesion de Gago? Hoy por hoy, la única opción de relevo que el PSOE se plantea con ciertas garantías es la de Jesús Paz . No se trata de nada nuevo. De hecho, los socialistas se presentaron a las urnas en el 2003 con esta idea en mente. La mayor renovación del equipo que encabezaba Javier Gago, desde que éste alcanzó la alcaldía, fue ejecutada por el actual portavoz del gobierno municipal, encargado de pulir la lista. Suyas fueron algunas de las decisiones que más costaron al regidor vilagarciano, muy apegado a sus colaboradores, y que más dolieron a veteranos concejales, que se vieron fuera de juego tras años, en ciertos casos más de una década, de trabajo en Ravella. Así cayeron nombres de peso en los gabinetes de Gago, como la anterior portavoz, Ángela González , el hombre fuerte en Vilaxoán, Machote , el auténtico relaciones públicas del Concello, Emilio Barreiro , o Ramona Castaño y su convulsa y polémica desaparición de la política local. El escenario que inspiraba al PSOE era el de una mayoría absoluta incluso más holgada de la que las urnas le habían otorgado en 1999. En una situación así, todos preveían una cómoda transición en el momento en el que se considerase oportuno. Gago, que siempre ha acariciado la idea de enfocar su vida política hacia derroteros superiores a los del Concello, marcharía con otro destino mientras Paz asumiría la alcaldía y el liderazgo de un grupo creado, al menos en parte, a su medida, para pilotar al PSdeG hasta las siguientes municipales con garantías de mantener el bastón de mando. Enfado postelectoral Como en el cuento de la lechera, el primer inconveniente atacó a la misma base de los cálculos socialistas. Su inesperado retroceso electoral constituyó un doloroso despertar, rompiendo todas las previsiones. El mal resultado propició las críticas internas. Lo que antes de la votación se concebía como una renovación tan importante como necesaria pasó a ser un cúmulo de errores. La propia Ángela González no se privó de mostrar su descontento y de atribuir lo sucedido a la forma en la que se había podado el equipo de gobierno. Pese a mantener su fidelidad a Gago, Machote tuvo palabras muy duras para lo que él consideró un claro abandono de Vilaxoán, huérfano de una representación fuerte en la candidatura. Ni que decir tiene que más de uno echó mano de la calculadora para especular sobre el coste electoral de haber prescindido de Castaño y sus asociaciones de mujeres, cuando el éxito y el fracaso se miden apenas por un puñado de votos. Con todo, la consecuencia principal del revés en las urnas se exponía hacia fuera. Por primera vez en los últimos doce años, el PSOE retrocedía en Vilagarcía, perdía la mayoría absoluta ganada cuatro años antes y quedaba a merced de una oposición reforzada en todos sus frentes, incluso en el de Rivera Mallo , para quien mantener dos ediles es un triunfo. Comenzó entonces a funcionar la figura de Jesús Paz, que supo, con habilidad, jugar sus cartas en un terreno minado, llevando a la oposición a su terreno con la excepción de IU, instalada en un posicionamiento irreductible. Urdió un pacto institucional inédito, con la liberación de un concejal del PP y otro del BNG. El PSOE iba otra vez por delante. Nacionalistas y populares no tardaron en reaccionar. Pero surgió otra jugada de alto riesgo: la conexión con Ivil. La enemistad de Gago y Rivera hubiese impedido cualquier acercamiento de este tipo. Sin embargo, las relaciones de Paz con el líder independiente eran excelentes, fraguadas en el año y medio en el que Rivera Mallo ocupó la presidencia de la Autoridad Portuaria. Factura de la bicefalia Todo ello se acompañó de una cuidada escenificación, en la que Gago y Paz salían juntos a la palestra, como aperitivo del relevo que un día llegaría con total naturalidad. Sucede que el tiempo ha pasado y las cualidades con las que Jesús Paz saltó a la arena política local no acaban de cuajar. Su perfil de hombre de partido, de peso ideológico hacia la izquierda, hizo concebir en el espectro zurdo la posibilidad de alcanzar un pacto de gobierno, tal vez jugando con la idea de que, una vez consumado el cambio en la alcaldía, el acuerdo sería más fácil. No ha sido así. Como bien sabe el BNG, la bicefalia mantenida a lo largo del tiempo acaba por confundirlo todo. Con un Gago volcado en el cultivo de su faceta política, el PSOE parece falto de referentes municipales. Ha habido mucho diálogo, pero poca concreción. Y el crédito como interlocutor de un Paz poco concluyente disminuye a medida que los compromisos alcanzados un día se diluyen al siguiente «Nunca sabes si habla el gobierno, o Suso, o el alcalde», lamenta un edil de la oposición. Entre los socialistas cunden las dudas sobre el futuro. Se hacen tres preguntas básicas: ¿Cuándo el relevo? ¿Puede ganar Paz? ¿Perderá el PP la Xunta?