ENTRE LÍNEAS
05 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.SI ME METIERAN en una urna de cristal durante meses y me liberaran un día cualquiera sabría si es o no domingo. Y no porque viera cerrados los negocios u ocioso al personal. No. Si me soltaran en medio del monte, lejos de toda civilización, lo sabría. Los domingos huelen distinto. Saben distinto. Hasta es distinto el modo en el que transcurren los segundos. Es así. Usted estará ahora en casa, sin las prisas habituales, aún en pijama, con una mano sujetando un cruasán y con la otra las páginas de este periódico. Inspira y exhala felicidad. Y como usted, su vecino, y el otro. Sí, incluso ese tipo tan mal encarado del tercero. Y toda esa felicidad exhalada se mezcla en el aire. Se fusiona. Por eso la atmósfera del domingo es diferente. Está repletita de felicidad. Y se huele. Se siente. Es especial. Siga siendo feliz. Hágalo por nosotros.