«En los campos me llamaron de todo, pero lo peor fue en A Illa»

Bea Costa
B. Costa VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

Entrevista | Pilar María Torres Deza MASAJISTA DEL AROUSA Su condición de mujer en un mundo de hombres la ha puesto en más de una situación incómoda. Al principio, en el vestuario no sabía cómo reaccionar. A la grada «no se le puede hacer caso»

19 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Son escasas las mujeres masajistas de un equipo de fútbol y una de ellas está en el Arousa. Pilar Torres se estrenó en Vilagarcía esta temporada pero ya lleva sobre sus espaldas cinco años de experiencia en el Portonovo. Enfermera de profesión, su verdadera vocación es la fisioterapia. Ha empezado ha estudiar para obtener la diplomatura, pero el camino de la universidad es largo, así que tomó el atajo de un curso de masaje de nueve meses que le ha servido para matar el gusanillo y darle los conocimientos suficientes para ponerse manos a la obra. -¿Como se sobrevive en un mundo de hombres? -Ahora bien. Hay que tener en cuenta que estuve cinco años trabajando con chicos con el Portonovo. En el Arousa me encontré cómoda, ya no me sentí igual que la primera vez que entré en un vestuario. Fue más fuerte la primera vez. -¿Cómo se sintió la primera vez? -Nerviosa, cortada¿ era una novedad. No sabía como me iba a comportar yo, como se iban a comportar ellos. Nos tuvimos que adaptar unos a otros. -¿Quién se adaptó mejor a la situación? -Creo que fue mutuo. En el Portonovo, yo soy de Portonovo, había gente que me conocía de toda la vida y me protegían un poco más. Nunca tuve problema con ninguno. -¿Se sintió violenta alguna vez o notó esta reacción en los futbolistas? -Yo actúo con la suficiente naturalidad como para que ellos me acepten bien o es que yo no me fijo en eso. -Y fuera del vestuario, ¿cómo se lo toman... las novias, por ejemplo? -Nunca tuve problemas directos, pero yo no soy tonta, y de las miradas sí me doy cuenta. Puedo entender que alguna se sienta amenazada, pero yo tengo que decir que estoy con los futbolistas porque es mi profesión. Con alguna también me llevo bien (risas). -Salgamos de los vestuarios, ¿cómo la reciben en los terrenos de juego? -A nivel de banquillo, lo típico, oyes hablar. En los campos, a nivel de grada, me llamaron de todo, de bonita para arriba, sobre todo cuando sales a hacer una asistencia. -Se atreve a reproducir lo peor que le han dicho. -¡Uf! es muy fuerte. Lo que sí puedo decir es que lo peor fue en A Illa, con el Céltiga. Cuando me contaban que antes de haber puente jugar a A Illa era tremendo, yo decía que no sería para tanto. Y cuando fue allí e hice la primera asistencia al campo ¡Dios mio! Incluso, un viejo que estaba detrás de la portería me cogió del brazo y me dijo ¡vente para acá! Pero lo que se diga en una grada me da igual. En el terreno de juego o si el banquillo visitante me falta al respeto, me puedo defender, pero a lo me diga la grada no le hago caso. -Ha pasado momentos de apuro pero habrá habido también momentos gratos ¿cuál fue el mejor? -El ascenso del Portonovo, y ascendimos en A Illa, precisamente. Me emocioné mucho. Nos fuimos de viaje de ascenso juntos, me integré muy bien en el grupo y esos cinco años de convivencia me dieron confianza para irme a otro equipo y volver a enfrentarme a otra plantilla de veintidós chicos. -¿Ha estado en equipos de Preferente y de Tercera ¿observa alguna diferencia a la hora de trabajar? -No, sólo los desplazamientos. -¿Cómo lleva los continuos viajes y lo de tener todos los domingos ocupados? -Bien, me gusta viajar. No es un viaje de placer pero me da la oportunidad de conocer sitios. Lo más duro es, lo típico, cuando hay una comida familiar, pero no tengo problema. Mi familia me apoya. -¿Ha coincidido alguna vez con otra masajista? -Con el Arousa no, y en todos los años que llevo en Preferente y en Tercera sólo coincidí con una chica del Sporting de Celanova. -Ahora le gusta el fútbol pero ¿fue siempre así? -Cuando era niña no, odiaba cuando mi padre ponía el fútbol en la tele. Cuando estuvo de socorrista en la Cruz Roja y me tocaba hacer las asistencias empezó a gustarme. Después incluso llegué a jugar al fútbol sala, en plan coleguillas.