Crónica | El lunes en A Illa El entroido demostró que el puente no es tan vital para los no continentales: si no cruzan en barco, como antaño, lo hacen en vistosos aviones de cartón
08 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.? medianoche, la Avenida da Ponte parece el centro de una gran urbe en hora punta. Mientras esperan en la carabana y sortean los pasos elevados, desde un Critroen C-3 gritan: «¿E vos de que ides?». La frase va dirigida a un grupo de muchachas, cuyo disfraz consiste en una minifalda mucho más mini que falda y un jersey fosforito. Conforme uno avanza hacia la zona de movida isleña, se da cuenta de que las palabras no estaban pronunciadas al azar: La mayoría de las jovencitas, en realidad, van disfrazadas de luce piernas y pilla pulmonías. En la zona cero de la marcha, O Regueiro, hay una radiografía perfecta del entroido fuera del continente: libre, sin concursos, con los mejicanos, los vaqueros o los pitufos metidos en su papel hasta tal punto que, de repente, un Don Quijote comienza a leer poemas en uno de los locales mientras Sancho le mete el diente a un fuet de supermercado. Precisamente, son los bares el único lugar donde los isleños entran y salen y piden «algho que nos saque este frío», como exigió un conejo orejudo. A las cuatro de la mañana, cuando al disfraz de mejicano ya sólo le queda la gracia de su dueño, que grita «viva Méjico cabrones» cada dos por tres, alguna peña comienza a marcharse. Algunos, en automóvil. Pero no falta quien coge vuelo en un avión de cartón y espera a que algún alma caritativa le dé un buen empujoncito.