Centenares de personas salieron a las calles de las principales villas para seguir los desfiles El Quijote inspiró el disfraz del grupo ganador del concurso celebrado en O Grove
08 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?os martes de Entroido el ruido es atronador. Ayer la tarde se llenó de música, sonido de silvatos, gritos y demás fauna sonora en Vilagarcía, O Grove y Cambados, localidades en las que los amantes de Don Carnal tomaron las calles en masa, pero en fila: era el día de los grandes desfiles, del lucimiento y de los centenares expectadores en aceras, ventanas y balcones. En las calles, bajo los focos de la atención, las máscaras, los choqueiros y los más apañados trajes. Algunos con claro sabor de la tierra -como el disfraz de berza que lucía un pequeño en Vilagarcía-, y otros empeñados en emular los lejanos carnavales de Tenerife o de Río de Janeiro -en algunos casos, la espectacularidad de los vestidos obligó a su portadora a caminar de lado por las más estrechas calles arousanas-. Algunos disfraces eran amables recreaciones de otras épocas -esas damas antiguas que nunca faltan- y otros claros ejemplos de la mejor y más mordaz retranca gallega aplicada a la más rabiosa actualidad: Ahí estaba el piorno grovense asediado por los carteles de inmobiliarias o, lo que es lo mismo, toda la sorna meca volcada en el PXOM y en los concejales que forman el pleno. Herederos de Cervantes Por las calles de las principales villas de O Salnés se pasearon, mezclados entre la multitud, personajes escapados de El Quijote. El hecho de que la obra celebre su quinto centenario la ha convertido en material apetecible para los amigos del carnaval. De hecho, en O Grove el grupo que se llevó los 600 euros del primer premio fue El Quijote cabalga de nuevo . En Vilagarcía también salió a la calle el hidalgo caballero: pensativo, rodeado de dulcineas y con una escena de manteo incluida. Los de siempre En los desfiles de ayer no faltaron los tradicionales, los de siempre: esos disfraces que nunca faltan. Hubo caperucitas, hubo payasos y hubo pitufos. Otro clásico que no faltó a la cita fue el público: centenares de personas se agolparon en las aceras de las calles principales de las villas arousanas para deleitarse con el espectáculo protagonizado por otros cientos de artistas anónimos. El nivel de los desfiles no fue homogéneo. Algunos grupos lograban contagiar alegría al público. Otros, pese a la brillantez de sus carrozas, no alcanzaban a transmitir ese espíritu de fiesta. Una de las mejores estampas de la tarde la proporcionó el grupo que cerró el desfile de Vilagarcía: azafatas y pilotos, cantando el Viaje con nosotros y bailando, seguidos de cerca por una impresionante, enorme y bien lograda maqueta de un avión comercial. El Entroido se prepara para volar lejos.