El imperio del carnaval verde

María Santalla VILAGARCÍA

AROUSA

Reportaje | Pasado y presente del entroido de A Illa Durante más de sesenta años el símbolo de la fiesta isleña fueron las ramas de repollo que la comparsa O Cano utilizaba como complemento a su disfraz

22 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?i hay un emblema que caracterice a una fiesta sin rigideces como es el carnaval de A Illa, ése es, sin duda, el de las hojas de repollo que acompañaron siempre a la comparsa O Cano. Desde que en el año 1940 esta agrupación comenzó a amenizar el entroido isleño, hasta su despedida en el 2002, el color verde de la verdura fue el mejor símbolo de esta fiesta. Manuel Rial, que durante muchos años fue miembro y director de O Cano, explica el origen de esta curiosa costumbre. «Antigamente non había disfraces. Así que poñían a boina do revés e a chaqueta tamén. Despois ían á finca e collían un cano de repolo. Aí empezou O Cano». Con los años, sus integrantes sustituyeron sus trajes de diario por una capa verde. O Cano nunca dio entrada a las mujeres. «Eramos un pouco machistas», dice Rial. Y es que no sólo los hombres eran sus exclusivos integrantes, sino que «cando se empezou todo era tirando contra a muller». Seguramente en un contexto de represión en el que el escarnio no era fácil, O Cano vio en la crítica a la personalidad femenina una vía de escape para sus coplas. «Agora a muller moderna/ frecuenta o bar e a taberna/ din que se hai que aproveitar./ Non lle envexan nada ao home/ xoga, fuma, bebe e come/ o demais non lle ha faltar./ Elas saben de antemano/ que este mundo é un engano/ que ao fin e ao cabo hai que deixar./ E aproveitarse na vida/ esa é a mellor lotería/ que pode tocar». Pero los tiempos evolucionan y «veu indo a cousa a moderno». La crítica contra la mujer se fue matizando y «últimamente xa incluso falabamos ben delas». Entonces O Cano decidió centrar su atención en la política y en «algunhas picadiñas do que pasaba polo pobo». Eso sí, con sentidiño , porque había que evitar a toda costa «enfrontar a uns e outros». Corrían tiempos difíciles. «Tiñamos que ir ao Concello de Vilanova e pasar pola censura. Se había algo que podía ofender ou algunha palabra fea había que quitalo». Pero en carnaval siempre se relajaron las costumbres y, a veces, «facíase a vista gorda e tamén se trampeaba un pouco».