Perfil | Julián García
14 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Julián García está acostumbrado a navegar en aguas turbulentas, pero el cometido que ahora le espera es de órdago, y él lo sabe. Deberá defender los intereses del Estado en el Puerto sin olvidar los de los sectores productivos. García Mouriño cree que no tienen por qué ser incompatibles, y está dispuesto a aplicar la ley del sentido común. «É o que fixen sempre, supoño que nunhas ocasións con acerto e outras non». Por supuesto, no está de acuerdo con el tráfico de graneles líquidos, y tampoco con que se quiera hacer del puerto un polígono industrial. En cuanto a los rellenos, depende. «Se son necesarios para os servizos portuarios, perfecto, pero se logo non se usan e hai que devolvelos ao pobo para facer unha zona lúdica non parece que teña sentido». Contra lo que pueda parecer, no va al puerto para hacer oposición. «Benito González pensará que ten un enimigo, pero co tempo darase conta que son un amigo, aínda que non sempre estea de acordo con el». A su entender, el divorcio entre puerto y ría nace de que a los marineros siempre se les mantuvo al margen de las decisiones tomadas en la rada, lo que causó desconfianza. «Ao porto hai que defendelo, que é de todos, pero precisamente por iso non é normal que o Plan Estratéxico non chegue as confrarías». Tiene 46 años, trabaja en el mar desde los 14 y durante 18 fue concejal socialista en su Arousa natal. Llevaba menos de dos años fuera de la vida pública, algo que no va con su carácter inquieto. Ahora vuelve para hacer una revolución pendiente en el puerto, la de reconciliarlo con la ría. Eso sí, una revolución tranquila, con sentido común.