Crónica | Esclavos de su vehículo Un matrimonio de O Grove vive por y para la mecánica: cada vez que su coche sale del taller, un nuevo y mayor desperfecto les obliga a volver a él
30 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?odo empezó el día en que un matrimonio de O Grove sufrió un accidente con su Opel Zafira, justamente el uno de agosto de este mismo año. Tras congratularse por no sufrir daños personales, decidieron reparar el vehículo. Aunque el golpe era de pronóstico grave -les costó 5.711,81 euros el arreglo- pensaron que el accidente se les iría de la memoria una vez abonada la factura del taller -una empresa de Vilagarcía-. Nada más lejos de la realidad. Han pasado varios meses y, además de tener que volver al taller en mil y una ocasiones, se vieron en la obligación de denunciar su caso en la oficina del consumidor. Tras la primera reparación, el coche salió del taller el 27 de septiembre. En esa primera retirada, comprobaron que al vehículo no le funcionaba la radio -que se había fastidiado en el accidente- y no frenaba bien. Debido a todas estas taras, lo dejaron en el taller. Regresaron al día siguiente con la esperanza de que todo estuviera en orden. Entonces, aunque la radio seguía en el otro mundo, se lo llevaron a casa. El matrimonio tuvo unos días de respiro. Sólo quince. A mediados de octubre, el coche tuvo que volver a la mesa de operaciones. La razón: apenas tenía potencia y hacía un ruido del demonio al encenderlo. En el taller le echan un nuevo vistazo y el dichoso Opel Zafira vuelve a pisar el asfalto. ¡Sorpresa! A los cinco días, toca volver al médico de la chapa y pintura. En esta ocasión, el matrimonio se da cuenta de que todos los coches con los que se cruzan les dan de luces y averiguan que su querido vehículo tiene los faros a la virulé. Vamos, que deslumbra a todo bicho viviente que pase cerca. Así que vuelta al taller, con el consiguiente viajecito hasta las tierras vilagarcianas y el cabreo de los cónyuges. En los días siguientes, y aún renqueante el asunto de la iluminación, al coche se le bloqueó la puerta trasera y le saltó el marco de un cristal; más días sin poder rodar. Les ofrecieron un vehículo de cortesía, cómo no. A bordo de un Opel Vectra, el matrimonio inició una nueva aventura. En plena vía rápida, se les levantó el capó del flamante turismo y sus cabelleras quedaron expuestas al viento. Antes de que siguiese el desastre, fueron a por su coche. No, esta vez no fue la definitiva. Siguen con visitas al taller día sí y día también. Sólo falta que al Opel Zafira le pongan un cartel como el de los cupones de rascar: «esta vez no ha habido suerte, inténtelo de nuevo».