El gran hombre

AROUSA

AREOSO | O |

19 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

NUNCA invitaría a mi casa a mis enemigos, que los tengo. Si quieren ponerme verde, que se busquen un sitio mejor, sólo faltaría que les brindara yo butaca y techo para sacar a la diáfana luz todos mis trapos sucios. Por esa regla de tres que me he marcado, tampoco voy al hogar o la tierra de nadie a lanzarle improperios. Y que conste que no lo hago por decoro alguno. En primer lugar, varios años de entrenamiento en el gimnasio Di Som (alcanzando varios cinturones de Kung Fu) no me han servido a mí de mucho y, estando los precios de la cirugía plástica por las nubes, no tengo ganas de acabar con el rostro al puro estilo Freddy Krugger. En segundo lugar, no hay cosa que me ponga más del hígado que los incitadores. Y por incitador entiendo a alguien que, premeditadamente, busca encender la llama de la discordia, casi siempre en el momento y en el sitio equivocado. Pues bien, esta semana me topé de frente con uno de estos hombres y con una de estas situaciones: López Veiga insultanto a la cofradía grovense en su propia tierra, en O Grove -por mucho que estuviese en su casa popular-. No puedo negar que me cabreé enormemente. A él, a ese gran hombre, por si no le llegaron mis dos anteriores razones, le dedico la tercera: «Na terra dos lobos, hai que ouvear coma todos». No es mía, la aprendí de la sabiduría de mi abuela.