En directo | El cumpleaños del primer centro educativo grovense Ayer no hubo matemáticas en el Rosalía de Castro: el 35 aniversario de la escuela bien se merecía una fiesta por todo lo alto
19 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?Felicidades colegio, de parte de Martín», decía una cartulina verde, llena de trazos de color que colgaba en una de las paredes del patio del Rosalía de Castro. A Martín, Ana, Irene, Lara o Andrés (casi todos de 5º B y 6º B) ayer les apeteció pintar. Lo hacían tumbados en el suelo y, en la mayoría de sus creaciones podían verse grandes caras, algunas calabazas y mucho derroche de color. Mientras ellos se dedicaban a darle a la tiza y el lápiz, en los patios del colegio más antiguo de O Grove no había lugar para el aburrimiento. Se cumplían 35 años de la apertura del centro y eso bien merecía una frenética sesión de juegos y un magosto de los que quitan el hipo. Una vez más, y como muchos de ellos habían hecho del día de San Martiño -en una sesión de juegos populares organizada por el Concello- los niños demostraron que el tragacastañas, los zancos de madera, las carreras de sacos o el pañuelito del guante en guante, con los que tantas generaciones disfrutaron, siguen dando más alegrías que la play station. En una fila, los de sexto saltaban a la comba, todavía podía oírse aquello de «pan, vino, queso y tocino, ino, ino...» al compás de unos saltos cada vez más rápidos. Otro grupo, liderado por dos chavales rubitos, se dejaba la piel para ganar el torneo de pañuelo. Más allá, se jugaba a los sacos, se bailaba, se reía... acción en estado puro. Y entre toda la diversión, un rey: el maquillaje. Desde los pequeñajos de tres años -todos ellos con pañueleta verde para no perderse- hasta los ya creciditos de sexto de primaria querían lucir las caras de tigre, de payaso o de gatita que les pintaba unas sabias manos maternales. Sí, maternales, porque la fiesta de ayer partió de una iniciativa del ANPA. Por lo que un grupo de veinte progenitores se encargaron de coordinar las actividades de los pequeños. Aunque todos sudaron lo suyo, la destreza de las maquilladoras fue halagada por todas y cada una de las profesoras, con la directora del centro a la cabeza. Y para terminar con buen sabor de boca, qué mejor que la castaña. Los cucuruchos cerraron una fiesta en la que, ante todo, hubo alegría.