Espectáculo puro sin tramoya

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA

AROUSA

Crítica | «Mi querido embustero» El teatro a veces olvida sus esencias, pero los vilagarcianos pudieron asistir el martes a una lección de arte dramática en manos de dos genios

10 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde que en las escenas aparecieron las tramoyas, los efectos especiales llevaron a que el teatro olvidase con frecuencia sus esencias: el arte de la palabra apoyada en la interpretación. Pero el martes en Vilagarcía, los argentinos Sergio Renan, y sobre todo Norma Aleandro -la madre de El hijo de la novia -, dieron una lección de lo que es teatro en estado puro. La palabra corrió a cargo de la adaptación de las cartas que durante más de cuarenta años se escribieron Bernard Shaw y Stella Campbell; un diálogo ágil, ligero y brillante para dar a conocer la clandestina relación amorosa que les unió hasta la muerte de la actriz. La interpretación dejó claro que Norma Aleandro es una maestra en el arte de la transformación. Ya lo demostró en sus apariciones cinamatográficas, pero en la escena, sin maquillaje ni truco alguno, fue evolucionando físicamente desde una espléndida cuarentona a una anciana de más de ochenta años. Y hubo sorpresa final. Ante los ojos atónitos de los espectadores, la actriz logró volver a los cuarenta con un simple cambio de postura. Y su pareja no se quedó atrás, pese a que era difícil no quedar eclipsado por el genio de la argentina. O sea, que el teatro no necesita reiventarse como dicen algunos. Lo que necesita son actores. Sin tramoyas ni fuegos de artificio.