Me importas mucho menos

AROUSA

AREOSO | O |

27 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ENCENDÍ el televisor. De repente, apareció una mujer de rojo. No era la menstruación de ese insulso anuncio de compresas, sino una señora que saludaba respetuosamente. Empezó a decir cosas coherentes. Puede parecer raro en los tiempos que corren, pero de su boca no salió ni un improperio. Presentó a sus invitados que, aunque no se lo crean, ni habían pasado por Gran Hermano ni se acostaron con Antonio David (o por lo menos no lo pregonaron a los cuatro vientos). Empezaron a charlar y, para más sorpresa, ni salieron a la palestra los cuernos y las peleas de tontolabas ni se habló de de polvos varios, sino de democracia, política, deportes y una actualidad un pelín más profunda que los escarceos de alcoba de todo bicho viviente. Desafiando aún más a la tónica de nuestros días, los invitados y la mujer de rojo no se atropellaban unos a otros al hablar. Fue mágico. La de rojo, Julia Otero, se alejaba de la charca putrefacta en la que Sardá ha convertido las noches televisivas. Mientras, él seguía a su bola, dando coba a su orquesta de mangantes. Me cabreó menos que de costumbre. Cada día entiendo más a Sabina, que acertadamente dijo que, si alguien tenía dignidad, no podía mirar a Sardá a la cara.