El Fary: «Mi chulo es el marisco, todo el dinero me lo gasto en él»

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

En directo | El artista arropó ayer la fiesta de O Grove y el premio «Lola Torres» Presume de tener «contactos» que le informan de cuándo llegan a Madrid «percebes de los buenos». Ayer se paseó por O Corgo dispuesto a darse un gran homenaje culinario

06 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?¿Ese no era el Fary?». Tal pregunta fue formulada ayer, con cierta parsimonia, una turista andaluza que caminaba por la plaza de abastos de O Grove. Y, aunque no se lo crean, no le faltaba razón a la señora: el hombre con el que acababa de cruzarse, menudo y sonriente, era el mismísimo padre del Torito Guapo . Se encontraba en el municipio meco apadrinando el fallo del premio de cocina Lola Torres y, de paso, la Festa do Marisco. Bajito que ejerce de tal, José Luis Cantero -que así se llama El Fary-, se metió pronto en la salsa grovense. En el Concello salpicó el acto institucional del premio «Lola Torres» de elogios poco convencionales a Galicia. «Este es un buen sitio para crecer como persona, y lo de crecer a mi me viene muy bien, porque como pueden ver soy un poco recortadito», dijo abriendo el fuego. «Hay tantas cosas buenas en Galicia que para contarlas todas habría que escribir un libro más grande que El Quijote ». Entre todas esas bondades de nuestra tierra, el marisco. «Aunque suene mal, siempre digo que mi chulo es el marisco, todo el dinero me lo gasto en él. ¡Es la mejor inversión!». El Fary presume de ser un buen catador, y por eso proclama, «a los cuatro vientos» que el gallego es el mejor marisco del mundo: «A donde vamos a parar, eso lo saben hasta los niños». Entre cámaras y besos Tras cubrir de flores al marisco, a Galicia y a los gallegos -«porque los galegos sois lo mejor que tiene esta tierra, siempre con los brazos abiertos para la gente que viene aquí a portarse bien»-, El Fary se fue de ruta por la zona de O Corgo. Acompañado del alcalde y de los responsables de la Fundación Amigos de Galicia, el artista tuvo que superar la dura prueba de la popularidad antes de poder darse el homenaje culinario con el que soñaba. Familias enteras acudían con su cámara para hacerse una foto al lado del cantante. Las señoras que lo interceptaban le estampaban sonoros besos en las mejillas, y los papás acercaban sin cesar a sus pequeños hijos a este mito de la cultura popular de la España reciente. En la plaza de abastos, las pescantinas recibieron los arrumacos de un artista al que no le molesta la fama. Algunas tenían apenas recordaban su nombre. «¿Cómo se llamaba este?», preguntaban cuando él ya había pasado. «El Fary, señora». «Ah, lo tenía en la punta de la lengua, pero sólo me salía el detergente». Tras tanto paseo, por fin llegó la hora de que el cantante degustase el marisco de O Grove. Lo hizo lentamente, para que a los fotógrafos les diese tiempo a tomar la instantánea. Como un auténtico señor. Y como un artista tan alto como la luna.