Lo duro que es ser yo

AROUSA

AREOSO | O |

04 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

COMER VIENDO la televisión no es sano. La mayor parte de los días las imágenes te estrangulan el apetito: la realidad es terrible, sobre todo si miramos al sur y a oriente. Los días en los que el hambre logra sobrevivir a la más cruda miseria acaba siendo desplazada por algún comentario absurdo capaz de causar terribles sobresaltos. Yo, el otro día, estuve a punto de morir atragantada por culpa de Ronaldo. Haciendo gala de galáctico apareció en mi casa corriendo alrededor de un campo de fútbol. Al pasar junto a los periodistas que siguen a su equipo les espetó un «¡qué bien vivís!» que me dejó tiesa. No crean que fui víctima de un extraño ramalazo de corporativismo, nada más lejos. Lo que pasa es que antes de quejarse -en público- de lo dura que es la vida de uno es conveniente pararse a reflexionar. «No sabes lo duro que es ser yo», decía en una película una mega actriz parodiándose, quizás, a si misma. En España hay muchos -futbolistas, famosos y famosillos del tres al cuarto- que proclaman a los cuatro vientos esa frase, pero sin un ápice de parodia o de autocrítica. La culpa, como dice un amigo mío, no es suya. Es de todos aquellos que prestamos atención a sus miserables vidas y duras vidas.