En directo | Inauguración del simposio de arte de O Grove Un año más, los artistas acudieron a su cita con las tierras grovenses. Ayer tuvo lugar la inauguración de lo que, por varios días, convertirá O Corgo en un taller de escultura al aire libre
18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?Where is my centolo?». El hombre de sombrero de cuero que hacía esta pregunta en O Corgo era el escultor polaco Czeslaw Podlesny. En 1997 dejó en O Grove una pieza del marisco rey y ayer no lograba visualizarla entre las estatuas que adornan la localidad. Con lluvia fina por banda, Podlesny y sus compañeros de simposio en esta nueva edición, el italiano Luca Zupelli y los españoles Pedro Ania e Inmaculada Lara Cepada, esperaban a las autoridades para dar por inaugurado el certamen. Los bailes y sonidos de Cantodorxo pusieron el tono y a las doce de la mañana el alcalde, Miguel Pérez, daba la bienvenida a los cuatro artistas, a los que hoy se sumará el egipcio Said Badr. La corporación municipal y el delegado provincial de Cultura, José Juan Durán, se sumaron también al recibimiento de los escultores. No faltaron alusiones a la dimensión internacional del evento y a que «o que hai anos era un proxecto balbuceante, hoxe é algo sólido», como dijo el regidor grovense. Ajenos al protocolo, los artistas se fueron acercando a las grandes piedras de granito a las que durante 23 días darán forma. Podlesny, el más locuaz de los escultores, no dudó en arrancar un cacho de pedrusco para comprobar su textura. Dejando claro que lo suyo es el trabajo a pie de piedra, el artista comenzó a pisar y trocear el granito mientras explicaba a sus colegas, en su inglés nativo, las características del material. Cinco bloques de piedra bajo una pequeña carpa componen el taller de los escultores de O Corgo. A pocos metros, en el parque, numerosas piezas reflejan los frutos de las anteriores ediciones del certamen. Este año, y como auguran los títulos de las piezas, se verán estatuas referentes al mar y la emigración. Una última muiñeira de Cantodorxo y comenzaba el espectáculo: el de las manos que saben darle vida propia a las piedras.