NO SE ENTIENDE una fiesta sin juerga, pero aunque la frase suene a manida, habrá que recordar que una cosa es la libertad y otra el libertinaje. Hay sitio para todos, para los que vienen a mojar y a mojarse a Vilagarcía, y para los que quieren vivir la tradicional festividad religiosa. Para que unos y otros no tropiecen demasiado, no está de más ordenarlos. Y eso debe hacerlo quien tiene competencias. Que los que se acercan a disfrutar de las fiestas -a los que luego tenemos que agradecer haber salido en todos los telediarios- se enteren de que toda la ciudad no es territorio comanche. Que hay unas calles marcadas como zona húmeda y unos horarios. Y si pese a estar advertidos no lo respetan, no está de más una regañina a tiempo. Que no es lo mismo un roto que un descosido.