¡Qué verde era mi rotonda!

AROUSA

AREOSO | O |

14 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA PRIMERA noticia que tuve de una rotonda me llegó, naturalmente, por la tele. Fue en las transmisiones del Tour de Francia. Y no me lo explicaba. ¿Cómo era posible que a alguien se le ocurriera poner esos tremendos obstáculos por doquier? Están locos estos galos, pensaba. En mi cotidianidad, lo más parecido que había visto era el cubículo en el que el municipal de turno ordenaba el tráfico que daba entrada a la plaza de Galicia. Antes de los semáforos, que ya no están, y mucho antes de los andamios que estos días atormentan a los peatones. Pero, poco a poco, el progreso comenzó a llegar. O, al menos, las rotondas. Con una diferencia, sin embargo, con las que estos días aún observo en cada etapa del Tour. Allí, siguen siendo verdes. Aquí, por el contrario, parece haber un concurso. Garzas (o grullas, no sé) en O Grove, vikingos en Catoira, fuentes en Vilariño, puertas y manos en Vilagarcía... En fin, surtido cuétara. Y que conste, que no estoy en contra de que el dinero de todos se destine a subvencionar a determinados artistas. Pero es que, por ejemplo, el parque de mi casa está desangelado. Y allí, hay sitio a esgalla.