ENTRE LÍNEAS
12 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EN LA CASA de mis padres había ocho pisos y tres letras por planta. Hasta para un tipo de letras como yo la cuenta está clara: había veinticuatro familias en el edificio. Viví veinte años en ese bloque y sólo recuerdo que en el segundo vivían Chema el panadero de Barrio Sésamo y su mujer, que hacía de Espinete en la serie. Ellos, mis amigos del quinto y las chicas del octavo son mi único recuerdo de una gente con la que conviví años. Algunos jamás me hablaron ni para saludarme. En el edificio de La Voz tenemos una vecina encantadora. Encontrártela en la escalera te alegra el día. Ayer me crucé con ella, le saludé con la cortesía que merece una señora y no sólo me respondió agradada, sino que le dijo a una niña que le acompañaba: «menos mal que aún queda gente educada». La suerte es nuestra. Y el gusto, también.