Una cuestión de sensibilidad

AROUSA

AREOSO | O |

23 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ME IMPACTAN esas imágenes que de vez en cuando nos llegan de Estados Unidos en las que unos padres que sospechan que la niñera maltrata a sus hijos ponen cámaras en la casa para comprobarlo. No puedo entenderlo, porque si andan con la mosca detrás de la oreja y vigilan a la cuidadora, están implícitamente dando pie a que esos malos tratos se repitan sin hacer nada por evitarlo. Parece que lo único que importa es disponer de pruebas para ir a un juicio y sacarle una indemnización a la maltratadora. Y ayer leo en el periódico: «¡Se acabó! Voy a poder vivir otra vez, el caso Dutroux dejará de estar en el centro de nuestras vidas». Lo decía la madre de una de las víctimas de esa mala bestia que mató y violó a unas cuantas niñas en Bélgica. Y yo me pregunto, ¿cómo una madre puede olvidar las torturas que habrá sufrido su hija antes de morir? Es posible que la rara sea yo, pero si sospecho que una niñera maltrata a mi hijo, la echo sin miramientos, me da igual que sea cierto o no. Y si me ocurriese una tragedia como la de Bélgica, no querría nada más que la muerte. No quiero juzgar, sólo sacar a la luz distintas sensibilidades.