AREOSO | O |
27 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.DÍA sí y otro también nos bombardean con imágenes y datos sobre el alto índice de siniestralidad que sufrimos en nuestras carreteras. Una dura realidad que se pretende combatir a base de la concienciación de los conductores, la mejora de las vías de comunicación y de aumentar la seguridad de los vehículos. Pero en medio de este discurso no deja de ser llamativa la falta de atención que merece el control de las capacidades físicas y psíquicas de quienes se ponen al volante. La normativa vigente establece la obligatoriedad de pasar una prueba psicotécnica para obtener y renovar el carné de conducir -por supuesto con cargo al bolsillo de cada uno-. Pero este control, que debería ser de vital importancia, no pasa de ser, en muchos casos, un mero trámite que se resuelve con unas preguntas del facultativo sobre el historial médico, un somero examen ocular y la firma de rigor. Que a una no le hagan pruebas de coordinación o de oído, no tiene disculpa, pero que no se las hagan a un hombre de 70 años puede ser una temeridad, teniendo en cuenta de que el fulanito en cuestión va a conducir una máquina que puede matar. Alguien debería ocuparse de que estas cosas no pasaran en vez de apabullarnos con tanta sangre en televisión.