LA ASOCIACIÓN Esperanza está de suerte. La Administración, esta vez, se ha portado y entre el Concello de Cambados y la Diputación le han insuflado un balón de oxígeno, en forma de subvención y un nuevo local, para seguir con su encomiable labor durante una buena temporada. Chapó para Tourís y Louzán. Pero no conviene perder la perspectiva. La asociación -una entidad privada que nació del empeño de unos padres en busca de atención para sus hijos minusválidos- ha estado desde sus orígenes mendigando la subvención de turno para poder subsistir. Los servicios de fisioterapia, logopeda y cuidados en general que presta la asociación cuestan un dinero que, en buena parte, tienen que costear los progenitores. Y no estamos hablando de un capricho. Hablamos de niños que, en muchos casos, ni siquiera se pueden mover y que precisan de una atención específica y continuada. Mancomunidad, Protección Civil, Once, Xunta... todos han aportado su granito de arena. Pero ya va siendo hora de que estas prestaciones dejen de depender de la buena voluntad política y de presiones mediáticas y pasen a ser un servicio público, universal y gratuito.