Crónica | Un peregrino suizo realiza la ruta como terapia contra su adicción a las drogas
26 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?a escena no podía ser más sorprendente. Delante de la librería Viñas, en pleno corazón de la reforma urbana, un pequeño percherón, amarrado al estilo del antiguo Oeste, aguardaba a su dueño. Desde luego, para ninguno de los viandantes que en ese momento paseaban por la calle Peregrina pasó desapercibida la secuencia. Carlo, el caballo, esperaba a Mark, un joven suizo que realiza estos días el Camino de Santiago. Una ruta que no es nueva para él, pues ya ha disfrutado de la experiencia en otras ocasiones. Según relató, este año comenzó la ruta de la Vía de la Plata desde la ciudad de Sevilla, pero antes de llegar a Santiago enlazó con el Camino Portugués. Ahora, de regreso, recaló por Pontevedra de camino a las localidades de Tui y Oporto. Lo curioso del caso es que el peregrino no realiza el trayecto montado a lomos de Carlo, sino que le acompaña a pie e incluso carga con una de las mochilas. «Me ha gustado mucho Galicia -señaló ayer Mark mientras daba de comer en un descanso a su compañero-. Y también Pontevedra». En su caso, el Camino de Santiago tiene en esta ocasión una significación especial. «Me ha servido como terapia para curarme de mi adicción a las drogas», añadió. De comida En la ciudad del Lérez, Mark paró a comprar provisiones para él y su caballo. Curiosamente, los artículos fueron adquiridos en las mismas tiendas. Carlo se comió ayer una barra -de pan integral- y una bolsa de un kilo de zanahorias. Eso sí, su dueño, como no podía ser menos, recogió escrupulosamente todos los restos que dejó su compañero de viaje sobre la calle. Ejemplo de urbanidad.