El valor de la política de andar por casa

Bea Costa
Bea Costa VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

En directo | Una jornada en la alcaldía de O Grove Los conselleiros, las declaraciones y las inversiones están bien para la prensa, pero cuando los vecinos buscan a un alcalde es para que le solucione sus problemas, los de andar por casa

21 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Los grandes proyectos visten mucho y dan buena prensa pero, está comprobado, que lo que le interesa al vecino es cómo va lo de la licencia de su obra y que le entierren bien enterrado. Una mañana en una alcaldía de cualquier concello de Arousa da buen testimonio de ello y si el elegido es O Grove, la anécdota se convierte en norma. Viernes, 10.00 horas. El alcalde Miguel Ángel Pérez empieza su sesión matutina de atención a los vecinos después de despachar con el secretario. Dedica a este menester tres días a la semana -lunes, miércoles y viernes, de diez a una de la tarde- aunque este horario se queda sólo en teoría. Anteayer fue un día bastante tranquilo. Por la alcaldía pasaron una veintena de personas que acudían a él buscando una solución a problemas, sobre todo, domésticos. Y la primera visita es paradigmática de lo que se le suele plantear: un hombre que quiere construir una casa en San Vicente y que se encuentra con que la finca en cuestión es suelo protegido. No hay mucho que hacer, a lo sumo presentar alegaciones al PXOM o, si la moral y el bolsillo lo permite, ir al juzgado. Para todos los gustos La segunda consulta fue la de una mujer que quería conseguir un nicho del cementerio nuevo lo más cerca posible de la sepultura que ya posee en la parte vieja. Puede parecer cuestión baladí, pero no lo es, y Miguel Ángel Pérez lo sabe. Sólo el viernes fueron tres las personas que hicieron cola a las puertas de su despacho para que le arreglasen lo del nicho y hasta hubo quien le pidió una ayuda económica con la que poder sufragar los 600 euros que cuesta una de las ansiadas 680 plazas que están actualmente en construcción. Ante situaciones de este tipo es cuando Miguel Ángel Pérez más echa de menos a Fontán. Paco es el concejal de cementerios y es quien se ocupaba normalmente de estas cuestiones «aunque, al final, la gente siempre quiere hablar conmigo». Pero el alcalde «no hace milagros», aunque, por lo general, la gente suele marchar bastante satisfecha de la alcaldía. Y es que Pérez sabe tratar al personal en las distancias cortas. «La gente quiere que le escuchen -y él tiene la paciencia necesaria para ello- a veces hasta vienen con problemas personales», relata. En el estrecho pasillo de la primera planta del consistorio espera media docena de personas, y otra media docena llega y se va a la vista del panorama, pero Pérez va sin prisa y llega a invertir un cuarto de hora con una visita. Eso sí, en medio de múltiples interrupciones del teléfono móvil, que no apaga, y de personal de la casa que requiere una firma o una consulta de urgencia. Los concejales y personal de confianza ya saben el truco. Robar los segundos que quedan libres entre consulta y consulta y entrar por la puerta de atrás, la de la sala de comisiones. La obra que no llega 13.00 horas. Cinco personas aguardan todavía su turno y ya es hora de celebrar la comisión de gobierno. Para entonces Pérez ya atendió, entre otros, a una mujer que pedía mejoras en Conricado; dos chicos de una empresa de informática que presentaron un proyecto; un joven que buscaba un empleo; un vecino de O Irixo (Ourense) que se ha quedado sin posibilidad de hacerse la casita de sus sueños en San Vicente do Mar porque la parcela que en 1993 era urbanizable ha dejado de serlo, y la licencia que consiguió entonces ya no le sirve; o un paisano que pide que le compren su finca de Castiñeiras, que para algo el Concello le construyó allí un lavadero hace años que a él no le interesa lo más mínimo. Pero, aunque son la mayoría, no todo el mundo va a pedir. El gobierno local también necesita la colaboración de terceros y si se trata de comuneros, todavía más. Así que el viernes fue Pérez quien recibió al presidente de San Martiño, Óscar Parada, para arrancarle un terrenito donde ubicar el punto limpio, y la cosa parece que va por buen camino. La mañana estaba resultando de lo más árida. Pero la cantautora Lorena Lores -una argentina hija de un grovense- rompió la monotonía y cedé en mano y una hermosa sonrisa pidió audiencia para gestionar una actuación en verano. Lorena tiene una buena carta de presentación. Su voz y, aunque venida de Argentina, ser hija de grovenses y hacer gala de acento meco. Pasadas las dos y media, tras la comisión de gobierno, Pérez aún atendía a los vecinos que esperaban en el tresillo verde.