ENTRE LÍNEAS
16 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.DON CARNAL llama un año más a nuestra puerta. En las tiendas cuelgan disfraces de todo tipo. Cuando era niño, no me hacía falta que fuese carnaval para transmutarme. Me encantaba volverme un romano, un vikingo o un guerrero indio en cuanto que veía que uno de esos personajes salía en la televisión en la película del sábado por la tarde. Eran los años en los que sólo había dos canales de TV, así que si la peli era un rollo no se podía zapear. Por no haber no había ni mandos a distancia. Por eso, la mejor opción era disfrazarse y jugar a ser un actor más del filme. Cómo son las cosas, ahora ya no me gusta disfrazarme. Y es que ahora el mundo -el mío, al menos- va tan deprisa que apenas tengo tiempo de aburrirme y eso no es bueno. El sopor es muchas veces la antesala de la genialidad. Aburrirse en los tiempos que corren es un lujo.