Un acelerón llamado Palmou

La Voz M. S. | VILAGARCÍA

AROUSA

Análisis | El impulso definitivo al proceso El conselleiro Xesús Palmou firmó el decreto de segregación y parece que será también el encargado de ratificar la solución final del proceso. En medio, un paréntesis de varios años

12 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?ice la sabiduría popular que querer es poder. Y en este caso, la voluntad está resultando un factor definitivo para lograr que el final del proceso de segregación pueda llegar a ser realidad en un corto espacio de tiempo. El conselleiro Xesús Palmou rubricó a finales de 1996 el decreto que propiciaba el nacimiento del Concello de A Illa. Y, si no surgen contratiempos, todo parece indicar que el responsable de Xustiza firmará también el protocolo destinado a poner fin a las negociaciones del proceso. Esta circunstancia no resultaría extraña si entre ambos trámites no hubiesen transcurrido más de siete años y si el conselleiro no hubiese permanecido alejado de la cartera de Xustiza durante un período de aproximadamente cuatro años. Pero Palmou tuvo tiempo de irse y de regresar sin que las negociaciones de la segregación se hubiesen movido ni un ápice. Es más, si en el verano de 1999 estuvo a punto de firmarse el acuerdo, llegaron después momentos en los que el tema fue cayendo poco a poco en la más absoluta de las parálisis e incluso en el olvido. Fue el empeño de los alcaldes, allá por el año 2001, el que logró remover de nuevo el asunto. Los dos regidores, Manuel Vázquez y Gonzalo Durán, celebraron varias reuniones en el centro comarcal para intentar sentar las bases del entendimiento. Pero si los regidores conseguían avanzar, la consellería parecía hacer oídos sordos a las negociaciones. Los alcaldes demandaban voluntad política y recibían la callada por respuesta. La vuelta de Xesús Palmou a la responsabilidad de Xustiza sirvió para dar un impulso que parece definitivo al proceso de segregación. Una vez más, obró la voluntad, la del conselleiro en este caso, y también la de los responsables locales. Si todo discurre por los cauces previstos, no tardaremos mucho en ver cómo la segregación se convierte en un episodio de la historia de los municipios de A Illa y Vilanova. Una historia que se inició como consecuencia de la férrea voluntad de los isleños y que se rematará gracias a la no menos tenaz voluntad del conselleiro y los dos alcaldes.