AREOSO | O |
30 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.USTED se levanta un día con un insoportable dolor de codo. Como se trata de un dolor ridículo, ¿a quién le duele el codo, por amor de Dios?, se aguanta un poco. Intenta mover el brazo lo menos posible y aprieta los dientes cuando tiene que abrir las alacenas de arriba de la cocina. Al día siguiente, cuando se despierta, el dolor sigue. Y por no parecer hipocondríaco, se aguanta un poco más. Pero al tercer día ya está cansado de aguantar el dolor, y de no poder extender el brazo o cargar la bolsa de la compra. Como la cosa no es como para ir a urgencias (todos sabemos lo saturados que están esos servicios por maulas que se podrían esperar al día siguiente), pide vez para el médico de cabecera y allí se va. Tras una espera considerable en la puerta, el doctor se encarga de usted durante aproximadamente 2,5 minutos. Le manda hacerse una radiografía. Y vuelta a empezar. Tendrá vez para una semana después. Luego tardarán unos días en darle el resultado. Para cuando vuelva al médico su brazo tendrá gangrena, en el peor de los casos. En el mejor, ya no le dolerá, y usted ni siquiera pasará por la consulta. Y en una situación intermedia habrá usted sufrido más días de los estrictamente necesarios. ¿Y esa es nuestra sanidad? Pues vaya.