Todos feos

AROUSA

AREOSO | O |

15 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY BROMAS de mal gusto a la que algunos llaman edificios y chistes macabros que algunos confunden con la planificación urbanística. Con tanto cachondeo, a los nativos se nos queda cara de tontos mirando como nuestros pueblos se han convertido, por obra y gracia de grupo de gente con pésimo gusto, en laberintos infernales. Los turistas lo tienen más fácil. Con no viajar al país de los dragones y las mazmorras lo tienen solucionado. Los hosteleros ya han empezado a notar que la gente se ha cansado de pasar sus vacaciones en lugares tan masificados y grises como las ciudades en las que pasan su día a día. Y han descubierto que hay que apostar, y apostar bien, por hacer un poco más hermoso todo lo que nos rodea. Que hay que mantener el carácter propio de cada localidad porque a la gente le gustan los lugares con carácter, igual que le gustan las emociones fuertes y los platos con mucho sabor. La teoría del gris, del cemento, de la masificación, suena a globalización de la mala y a pasado. Aunque claro. También habrá quien defienda que la fealdad es una marca de carácter. Que ahí está Rosy de Palma, fea pero hermosa. Entonces, lo que nos queda por delante, es seguir haciendo todo lo posible para que todo sea feo.