AREOSO | O |
07 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EN TAQUILLA, por teléfono o por internet. Las entradas para cualquiera de los grandes espectáculos que han pasado por el Auditorio de Vilagarcía se han agotado en un suspiro. Los mal pensados dirán que este súbito afán por la cultura es como una moda de color pizarra. Y que cuando el auditorio deje de ser nuevo, la gente dejará de sentir atracción por las bambalinas. Particularmente, no lo creo. La casa de cultura se llenaba todos los viernes gracias a actores y actrices con menos prestigio que Charo López y con menos fama que Maribel Verdú. Así que parece que el brillo de las bambalinas no depende de la novedad del continente, sino de la atracción que genera el contenido. Y si el contenido se trufa de vez en cuando con las grandes actuaciones anunciadas por Caixanova, seguro que la adicción crece. Y mientras crece para regocijo de todos, otras adicciones a otras culturas decrecen hasta casi desaparecer. Los pequeños locales nocturnos que se empeñan en poner un poco de cultura con cada copa van cerrando sus puertas y cayendo en el intento. El por qué de ese bajón de la cultura tabernaria se me escapa. Pero ojalá no perdamos nunca esos pequeños reductos de inteligencia.