El palomar Por fin pudimos ver «Equinoccio», el primer corto del joven vilagarciano Fran Estévez. Una historia rara, pero que seduce, según su protagonista, Sergi Mateu
22 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Equinoccio: época del año en que los días y las noches son iguales en toda la tierra. Eso es lo que dice el diccionario. El corto de Fran Estévez dice mucho más y está abierto a múltiples interpretaciones. Podrá gustar o no gustar pero, desde luego, la historia está bien contada y no deja indiferente a nadie. El cortometraje se proyectó el viernes por la noche en Vilagarcía por todo lo alto. La sala de proyecciones del auditorio se quedó pequeña para dar cabida a compañeros y familiares de Fran así como a su equipo de rodaje y demás personas vinculadas al mundillo del cine. Incluso alguna que otra autoridad -por allí andaba el alcalde Gago-. Y aunque esto no es San Sebastián ni Venecia, también tuvimos nuestro glamour de la mano del protagonista del corto Sergi Mateu quien elogió este trabajo «valiente» y enigmático. Con sello vilagarciano Que la proyección fuese en la capital arousana no es casualidad. El trabajo se rodó en Xiabre y el instituto Bouza Brey; su director es vilagarciano -lo de alumno le queda ya pequeño, y no lo digo yo, lo dice el director de la Escola Galega de Cine-; y la productora es la firma vilagarciana Estévez Seven, que para algo son padre y hermano del artista y «se atrevieron a producir lo que parecía casi imposible», según nos comentó Fran. El autor estuvo parco en palabras; se ve que todavía no está hecho a las presentaciones, con público, prensa y todo eso. Pero seguro que tendrá que acabar por acostumbrarse. Porque Equinoccio sólo es una muestra de su buen hacer. El viernes también pudimos ver el pase del documental Fandango, «una sinfonía infantil» que nos muestra otra forma de mirar a los niños. La única pega de la noche fue, permítanme el juego de palabras, mirar la pantalla. Al auditorio le falta una sala de proyecciones a su altura. La pantalla quedaba demasiado baja y las cabezas del público no dejaban ver. Y unas butaquitas tampoco sobraban... A la misma hora que unos veíamos Equinoccio otros disfrutaban, cómodamente, de la buena música de la Mostra de Xóvenes Intérpretes. Y este caso sí que no hay queja. Un escenario y un patio de butacas de lujo para disfrutar de la buena música. La juventud viene pegando fuerte.