?l rebufo de los éxitos de la selección, pero conscientes de que el champagne pronto pierde su fuerza y su trabajo poco cala entre los no iniciados, comienza el Extrugasa su octava temporada en la elite del baloncesto femenino nacional. Y hablar de la Liga española es hacerlo de una de las mejores de Europa. Por el pabellón de Fontecarmoa van a pasar muchas de las baloncestistas que estarán en los próximos Juegos Olímpicos de Atenas, o que miden sus fuerzas en la NBA femenina. Y enfrente, de nuevo, el Extrugasa. De nuevo en inferioridad de condiciones, de condiciones económicas queremos decir, pero con la ilusión como bandera. La ilusión de un club que nació hace poco más de tres lustros al amparo del pabellón de un instituto y que se codea ya con lo más granado. Las citas en el mítico pabellón Magariños, o en la Fonteta de Valencia, o en el Centro Insular de Deportes, pabellones todos ellos con etiqueta ACB, son ya habituales desde hace varias años para el conjunto vilagarciano. La permanencia vuelve a ser, de nuevo, el principal y, casi obligatoriamente, el único objetivo del Extrugasa. La Copa de la Reina, a la que llegan los ocho primeros clasificados tras la primera vuelta del campeonato, es un caramelo que siempre parece demasiado elevado en el mes de octubre. Sin embargo, en la campaña 99-00, el club arousano ya lo saboreó y nadie en su seno lo desprecia ya de salida. La temporada viene marcada, además, por ser la primera que el club afronta con la ausencia de Miguel Ángel González. Una ausencia que el propio técnico califica de muy difícil de suplir, a pesar de que reconoce que, hasta el momento, las cosas marchan bastante bien. Y en el punto de mira está también la asistencia al pabellón de Fontecarmoa. La afluencia de aficionados no se corresponde con la categoría del espectáculo. Aquí, Jordi Fernández tiene muy claro el remedio. El entrenador sabe que la mejor fórmula para conseguir que los vilagarcianos se involucren con su equipo viene de la mano de las victorias. Poco importa que en el Extrugasa juegue la mejor jugadora de España júnior, ni incluso que sea una paisana; sin más triunfos durante el año, el lleno será una utopía.