Valor artístico y valor sentimental

JAVIER GAGO LÓPEZ

AROUSA

TRIBUNA PÚBLICA | O |

02 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CON relación a la tribuna de doña Eva Penedo, en la que se hacen una serie de consideraciones sobre la conservación del patrimonio histórico-artístico de Vilagarcía, como alcalde ­-pues a mí se dirige- me veo en la obligación de precisar algunas cuestiones. El patrimonio histórico-artístico de Vilagarcía no es escaso. Basta con echarle un vistazo al catálogo de bienes a proteger para darse cuenta de lo contrario. No hay contradicción entre la preservación del castro Alobre -en la que el Concello, es decir, todos los vilagarcianos, lleva invertidos más de 30 millones de pesetas- con el derribo del cine Fantasio. Entre otras cosas, porque conocer de dónde venimos es esencial para saber quienes somos y a dónde vamos. El cine Fantasio, construido en 1933 y reformado en alguna que otra ocasión, jamás contó con protección: ni con las normas subsidiarias provinciales, ni con la primera normativa urbanística propia del Concello, ni tampoco con el PGOU de 1986, aprobado, como se sabe, por todos los grupos políticos de la corporación, ni tampoco en el primer Catálogo de Bienes a Proteger (1990), ni en el segundo, ligado al PXOM del 2000. Confusión y decisiones «graciosas» El catálogo en vigor, que como el anterior fue expuesto al público, contó con la supervisión y aprobación de la Dirección Xeral de Patrimonio (Consellería de Cultura), cuyo titular es catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Santiago, como debe saber la licenciada en la misma materia, Eva Penedo. Lo que quiero decir con ello es que la protección del cine Fantasio, como cualquier otro edificio (Villa Güimil, Villa Aurora, etcétera), no es una decisión graciosa de los políticos, sino que depende de los informes de técnicos municipales, provinciales y autonómicos. En definitiva, creo que no se debe confundir el valor histórico-artístico con el sentimental. Evidentemente, he reparado en la gran cantidad de grúas que pueblan el casco urbano, aunque no me he parado a contarlas. En todo caso, esas grúas significan que la ciudad está viva y que la iniciativa privada apuesta por ella, creando riqueza y empleo. Lo cual no es óbice para ser respetuoso con el legado de quienes poblaron Vilagarcía antes que nosotros. Funcionarios y compañeros Nunca deje de molestarse por escribirme. Tenga la seguridad de que me lo leeré, y con interés. Sepa, en cualquier caso, que aquí no hay subordinados, sino funcionarios y compañeros políticos, y que nada de lo que ocurre en Vilagarcía me es indiferente. Por último: el «magnífico y lustroso nuevo edificio del Ayuntamiento» no es «mío», como afirma, sino de todos los vilagarcianos. O sea, también suyo.