Testigo directo | Concierto de Hombres G en Sanxenxo El grupo de David Summers interpretó el martes los temas más emblemáticos de su carrera musical ante un público entregado y de todas las edades
27 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Era apenas un niño cuando Hombres G sacó su primer disco y vinieron por primera vez a Sanxenxo. Cuando dijeron hasta luego, en 1992, ya había consumido buena parte de mi rebeldía juvenil. Por aquel entonces no me gustaban, es cierto. Era una banda para nenas, decíamos. Formábamos un grupo de gallitos que disfrutábamos unos con el rock de Los Suaves y otros con el emergente -siempre es emergente- pop inglés. El martes, once años después de su despedida, con algunos kilos de más y con algo menos de rebeldía, asistí al concierto de Hombres G en el puerto de Sanxenxo. Me divertí y por espacio de un par de horas rememoré toda una adolescencia mientras el grupo de David Summers desgranaba uno por uno todos los grandes temas de su carrera. Y pude comprobar que para bien o para mal, las canciones de los G-Men no habían envejecido ni un ápice, algo que también se podría aplicar a David Summers y compañía. Allí, sobre el escenario, camiseta y pantalón vaquero, los Hombres G seguían siendo esos veinteañeros dispuestos a rociar con polvos picapica al mamón que les quitó la novia. La misma pose y la misma chulería que en la década de los ochenta y principios de los noventa les encumbró a los número uno. «Hoy hemos vuelto a batir el récord de más tías buenas asistiendo a un concierto», gritó, pletórico, David Summers. «Guapo»... «Tío bueno»... Le respondieron varios cientos de gargantas. El público disfrutó y Hombres G, otro tanto de lo mismo. David Summers se callaba y el respetable cantaba... Summers cantaba y el respetable, también, cantaba. En algunos momentos se rozó eso que los expertos definen como comunión entre artista y espectador. Desde jóvenes hasta adultos que se reencontraron de golpe con una adolescencia que, tal vez, creían perdida se divirtieron. Que te gustara o no la música, era lo de menos.