CON GOTAS | O |
25 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.A POCO que se descuiden, los cambadeses acabarán devorando las sílabas finales a cada palabra, cambiarán sin percatarse la geada por la jota aspirada y culminarán su metamorfosis sustituyendo el carallo de toda la vida por ozús y olés por soleares. Verano tras verano, los capitostes de la villa arousana sorprenden a propios y extraños con eventos fenomenales en progresión geométrica. Los próceres cambadeses demuestran una impresionante vocación festiva, que en pocos años ha convertido a la otrora ciudad del albariño en la capital de la parranda en las Rías Baixas. La gestión de tremendos conciertos, siempre bajo el criterio del mogollón, siempre al quite de lo que más pega y más personal atrae, sienta escuela. La cosa tiene su riesgo, pues bajar el listón mínimamente defraudaría las expectativas que legiones de mendas depositan con la llegada del estío en el cartel del Albariño. No obstante, aquí el que tenga miedo que se eche a correr. Si lo de Maná fue de pinga, que se prepare la jauría. Suenan ya en los mentideros grupos postineros y de lo más rodados, con nombres de dos y hasta tres palabras, como invitados a las próximas bacanales musicales. Hay quien se pregunta para cuándo un Live in Corbillón o un Made in San Tomé que sitúe a Cambados en el estrellato del rocanrol internasional. Pero esto de sacarse de la chistera un antepregón desvela directamente una vocación de eternidad que sólo los sevillanos podrían igualar. A este paso, antepregón, preantepregón, antepreantepregón, y todo el año dándole al brindis y al cachondeo. Sólo hay algo a lo que temer en esta juerga sin fin: la resaca, si es que el carrusel se detiene algún día. Claro que ésa, será otra historia.