Reportaje | El operativo de control y salvamento en la costa grovense En una tarde de calor asfixiante, hasta 2.500 personas pueden compartir espacio en la única playa con bandera azul de la comarca. Hay quien los vigila
12 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?rena, sol y agua de mar. Esa es una oferta suculenta para estos días de verano en los que el calor aprieta sin piedad. Las playas de la comarca se llenan de bañistas en busca de un bálsamo que alivie las altas temperaturas. Y la reina de nuestras playas, A Lanzada, se convierte en el destino de miles de almas. Kilómetros y kilómetros de arena aguardan la llegada de los bañistas. Y, desperdigados en los tres puntos de atención de emergencias, los socorristas inician estos días su temporada de trabajo impenitente. Los suyos son los ojos que vigilan la playa desde tres puntos habilitados a lo largo del arenal. Uno en la zona del Hospital, otro en el otro extremo, lindando con Noalla. Y un tercero en el medio. Víctor Otero es el encargado de coordinar a los quince profesionales que este año trabajan en el arenal. El responsable de Protección Civil colabora con el Concello de O Grove para garantizar la mayor seguridad a todos aquellos que deciden pasar sus horas de ocio en A Lanzada. Para lograr ese objetivo, Otero ha diseñado una completa estrategia. Como un entrenador de fútbol, distribuye a los vigilantes a lo largo y ancho del arenal. Por tierra y por mar. «Ademáis dos puntos de vixiancia fixos, nos que sempre hai xente para prestar atención, haberá patrullas que recorrerán a distancia que hai entre unha e outra caseta», explicaba ayer Otero Prol. Y es que la distancia que separa los puntos de emergencia puede hacerse muy larga si una faneca se ha cruzado en el camino de un bañista, o si el que corre lo hace para pedir ayuda. «Con estas patrullas o que pretendemos é evitar que unha persona ferida teña que realizar ese camiño, e que poida recibir atención no lugar no que o precise», explica el responsable de coordinación. Patrullando la playa irán siempre dos profesionales. Uno dispuesto a lanzarse al agua si alguien necesita ayuda. Otro, pertrechado con un botiquín para hacer las curas necesarias. Pero no serán los únicos ojos que miren lo que ocurre a su paso. Desde el mar, la lancha de los vigilantes está también atenta. Los veraneantes pueden verla circular próxima a la playa, pendiente de lo que pasa en la zona de baño. Aunque las piezas están perfectamente encajadas, todas las precauciones son pocas en una playa en la que las corrientes, cuando quieren, se convierten en un enemigo difícil de batir. Por esa razón, Otero y el Concello de O Grove van a disponer, a lo largo de toda la playa, de un sistema de flotadores, amarrados a 40 metros de cuerda, que cualquier bañista podrá lanzar al mar en caso de emergencia. El sistema ya funcionó el año pasado, pero entonces los flotadores eran demasiado grandes. La lección ha sido aprendida, y en esta ocasión se están buscando otros elementos más manejables para que «todo o mundo poida utilizalos». Los salvamentos en el mar son, sin duda, las actuaciones más espectaculares de los socorristas. Pero no son, afortunadamente, las tareas más habituales de este grupo de personas que tienen en la playa no su ocio, sino su profesión. En realidad, en A Lanzada, las fanecas son el gran enemigo de los bañistas y de sus vigilantes. El viernes, 29 personas se fueron a casa con la señal de ese animal en la planta del pie. Al final del verano, las cifras hablan para señalar que el 80 por ciento de las intervenciones realizadas son debidas a este pequeño y temido animal. Las heridas, los golpes o las picaduras de insectos son otras de esas pequeñas catástrofes individuales que los socorristas ayudan a aliviar. También las quemaduras. Y precisamente, para luchar contra éstas, en las torres de vigilancia se colocan tablas diarias que informan sobre cuáles son las horas en las que la piel debe huir de Lorenzo. Pero la precaución no siempre acompaña a los bañistas. Menos mal que hay quien vigila.