Votar cada cuatro años

AROUSA

AREOSO | O |

26 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL DOMINGO fue un día grande para la democracia. Los resultados electorales ofrecieron muchos datos y aclararon muchas dudas. De entrada, parece que a los ciudadanos no les gustan mucho las mayorías absolutas, sean de izquierdas o de derechas. También resulta evidente que muchos de los que se colocaron detrás de las banderas de Nunca Máis -y no me refiero a los partidos políticos ni a los sindicatos, que a fin de cuentos ellos defendían sus intereses- fueron más que nada una cortina de humo. O el cabreo se les olvidó enseguida o las ayudas a los damnificados les ayudó a olvidar. Quedó claro también, con todos los peros que los que pagan impuestos les quieran poner, que el pueblo decide, y que si en Ribadumia quieren a Nené Barral no hay aparato del PP que se les resista. Ya lo dijo el exultante candidato: «O pobo de Ribadumia votou co corazón». Pues si tan buenas son las urnas para la democracia, no entiendo -y no es una idea mía, sólo recojo el testigo de los chicos de IU- cómo no se llevan a cabo más sufragios. ¿Es que los políticos tienen miedo a preguntarnos lo que pensamos de la guerra, o de las relaciones con EE.?UU, de la política que se lleva a cabo en el País Vasco o de la conveniencia o no de permitir las bodas entre parejas del mismo sexo, por poner algunos ejemplos? El pueblo no es soberano un día cada cuatro años. En democracia, lo es siempre.