Los buenos vientos de la pegada

Rosa Estévez
R. Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

?uizás fue el viento el culpable de la distinta suerte corrida por los distintos actos de pegada de carteles celebrados en la comarca de Arousa. En Vilagarcía el viento fue clemente y la temperatura agradable. Por eso, a las doce de la noche la Avenida de la Marina era un hormiguero por el que transitaban militantes de todos los colores. Los socialistas, el grupo más animado, no dejaban de gritar a su candidato aquello de «alcalde, alcalde». Otros, los independientes, se desgañitaron para dejar claro que «como Rivera no hay ninguno». Y los del Bloque y de Esquerda Unida afinaron sus voces para gritar «nunca máis» a las mareas negras y que «no a la guerra». Después, cada uno por su lado. Los populares de Tomás Fole rumbo a Carril. Los otros, a la búsqueda de los mejores lugares para colocar sus carteles. Y unos pocos, hacia la cafetería La Marina, que volvió a convertirse en foro de debate sobre la pegada y la campaña en general. A la cita no podía faltar Gago. Y este año tampoco se la perdió su contrincante del PP. Y a pesar de las diferencias políticas y de las peleas dialécticas, ambos demostraron que la rivalidad no está reñida con la cortesía. Pero eso fue en Vilagarcía. Al otro lado de la ría, en tierras mecas, el viento soplaba fiero y frío, y el acto de pegada de carteles demostró que la política grovense «xa non é o que era». Los candidatos, rodeados por minúsculas cortes de simpatizantes, colocaron sus carteles y se fueron enseguida con la música a otra parte. Sólo faltó uno a la cita uno, Chesqui , que prefirió volar en solitario. «Será que non quere mezclarse co común da xente», ironizaban algunos de sus contrincantes políticos, escoba en mano. Otros aprovechaban ese tiempo para estudiar las fotos electorales. Especialmente la de Xan Caneda, al que algunos acusaban de haber utilizado para el cartel una imagen de hace años. «Para que logo faledes doutros», dijo, entre risas y pitorreo el número uno del PP. Otro alcaldable popular, el de Cambados, hizo un viaje relámpago hasta la plaza del Concello de su localidad para poner su cartel. Llegó cuando ya los otros grupos habían partido hacia la larga noche de la pegada. Llegó en un lujos coche, cumplió con la tradición y volvió a desaparecer. No se preocupen. A todos ellos seguiremos viéndolos..