El domingo, en Madrid, eran imposibles los reencuentros previstos: la marea humana era demasiado grande. En ella, los vecinos de O Salnés dejaron oír sus gritos una vez más
24 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.En Madrid sonaron el domingo tambores de guerra al chapapote. En el Paseo del Prado, un grupo de gente corea consignas pidiendo dimisiones y baila al son del ritmo marcado por un bombo. El director de esa gran orquesta urbana es Javier Camba, el técnico de cultura del Concello de Vilagarcía. Él era sólo uno de los miles de arousanos que decidieron tomar las calles de la capital para decir Nunca Máis a desastres como el que, el 13-N, se comenzó a fraguar en las costas de Galicia. El acento arousano comenzó a sonar con fuerza en la capital del Estado el sábado. Los manifestantes más precavidos decidieron adelantar la llegada. Por la autovía Rías Baixas no dejaban de circular coches engalanados con la bandera gallega de fondo negro y franja azul. La bandera de la dignidad, como la llamaron en los manifiestos que cerraron la manifestación.Pero hubo muchos arousanos que decidieron dejar su coche en casa y subirse a alguno de los 24 autobuses que partieron de la zona sur de la ría de Arousa. El viaje era largo. Y más largo aún para los ocupantes de uno de los vehículos que partió de Vilagarcía. En la localidad ourensana de Requeixo, el sistema eléctrico del bus decidió dejar de funcionar. Sus ocupantes, entre los que estaban destacados militantes del BNG -Castro Ratón, Manolo Rico y Ramón Mouriño- tuvieron que esperar hasta que un coche escoba los rescató de su parada indeseada. Llegaron a Madrid, pero sin sus abrigos y sin su avituallamiento, que se habían quedado encerrados en el maletero del vehículo.Con menos dificultades hicieron el recorrido los demás manifestantes. Tocaron suelo madrileño alrededor de las nueve de la mañana, y tras un desayuno reparador comenzaron a prepararse para la protesta. A esas horas, los arousanos que habían pernoctado en la ciudad de la Cibeles empezaban a desperezarse de la larga noche pasada en la plaza de Santa Ana, entre las gaitas, los cantos y los gritos de Nunca Máis, que durante el fin de semana fueron la auténtica banda sonora de Madrid.Cuando aún faltaba media hora para el inicio de la protesta, las calles ya estaban tomadas. En ellas, mejilloneros y mariscadoras de A Illa caminaban con celeridad buscando un buen punto de partida. Sus lemas lucían en lo alto de altos carteles. «Galicia xa espertou», decían. Y para demostrarlo, gritaron hasta desgañitarse. El avance de la gran marea humana fue caótico. Tenía que serlo desde que la pancarta de cabecera se perdió en el medio de la marabunta de personas deseosas de gritar su indignación y su cabreo. Allí, tras la pancarta principal, estaban Xaquín Rubido, representante de la Plataforma pola Defensa da Ría, y Francisco Iglesias, el patrón mayor de O Grove.Los mecos eran otros que estaban bien representados en la protesta. Por las calles de Madrid desfiló Jorge Olleros, el presidente de Hostelería, con un Nunca Máis pintado en la cara. Y Nano Besada, el responsable de los comerciantes. Y numerosos políticos del PSOE, el BNG y de Esquerda de Galicia. Pero políticos no sólo había de O Grove. El gobierno local isleño casi hizo pleno en las calles de la capital. Y Xoán Antonio Pillado, del Bloque de Cambados, y el secretario provincial de los socialistas, Modesto Pose...Pero los políticos no fueron los protagonistas del día. Los protagonista fueron las gentes del mar que gritaron «para defender o noso». Y los miles de ciudadanos que, tres meses después de la catástrofe, exigían con la misma fuerza que el primer día que «no nos tomen más el pelo». Para dejar patente su protesta usaron todos los medios a su alcance. Con canciones cargadas de retranca, ese humor amargo que el domingo se extendió también entre los manifestantes que no eran gallegos. Completaban el peculiar desfile, tambores, trompetas, disfraces, trajes blancos de los voluntarios, largas manchas de plástico negro que se agitaban con virulencia, y, como no, muchas gaitas. Su sonido aún retumba en las plazas del centro de Madrid. «Galicia xa espertou», decía la embajada isleña en Madrid. Para demostrarlo, gritaron hasta desgañitarse Muchos políticos arousanos acudieron a la cita. Pero los protagonistas fueron marineros y ciudadanos Iglesias ha sido una voz crítica. Eso le ha valido críticas del mismísimo presidente de la Xunta, Manuel Fraga El patrón mayor de O Grove sabe manejar las palabras y elegirlas con inteligencia, de ahí su éxito