Un canto al mestizaje político

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

Contrincantes en la teoría, amigos entrañables en la práctica, la prolongada camaradería entre conselleiro y alcalde nunca supo de disciplinas de partido

17 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Con la excepción de sus magníficas relaciones con Francisco Vázquez, el regidor de A Coruña, pocos vínculos han dado tanto que hablar como el tándem Cuíña-Gago en los once años en que ambos compartieron presencia activa en la política gallega, el primero como conselleiro de Política Territorial, el segundo como alcalde de Vilagarcía. Nada ni nadie, ni siquiera los codazos internos que en más de una ocasión sacudieron a las agrupaciones locales del PP y el PSOE, pudo romper una alegre camaradería, que culminó con la designación del de Lalín como hijo adoptivo de la capital arousana. Nadie ni nada, salvo Fraga, el PP de Madrid y la sed de sangre política que emana de un dramático despropósito llamado Prestige . Para el recuerdo quedan momentos memorables, como el desembarco en Cortegada con el que Xosé Cuiña anunció el inicio del proceso de expropiación de la isla. Allí, en plena playa tras un viaje en catamarán que resumió muchas cosas, con mejillones y vino de la tierra incluidos, para simbolizar lo que el entonces conselleiro calificó como «solución a un erro histórico». Los lazos se estrecharon aún más, si cabe, con el abandono de Cuíña de la secretaría xeral del PPdeG. Sus contrincantes internos se hicieron con el control del partido en Vilagarcía. Y el responsable de Política Territorial -que no dejó de loar la colaboración institucional, ni siquiera cuando los intereses de sus hombres en el Puerto chocaban con el Concello- no perdió oportunidad de clavar sus pullas dialécticas en una gestora, la conservadora, muy necesitada de experiencia. Pero si todo un sector de los populares se tiró de los pelos más de una vez a cuenta de los guiños entre ambos políticos, no menos sucedió en el seno del PSOE, muchos de cuyos militantes nunca comprendieron la comunión que proponían Gago y Cuíña. El conselleiro, en fin, deja tras de sí la imagen de un hombre polémico e irrepetible, y un ronsel de obras que hicieron de él el principal interlocutor de Vilagarcía en la corte de la Xunta.