Que el consistorio de A Illa era pequeño lo sabíamos todos. Pero este fin de semana, el encierro para reclamar medidas contra la marea negra lo hizo menguar un poco más
25 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Contra el frío, resistencia En A Illa, el viento cuando sopla, sopla de verdad. Y este fin de semana, sopló, y sopló, como el lobo feroz del cuento. Pero no fue capaz el señor eolo de derribar el minúsculo edificio consistorial isleño. Ni de apartar de su puerta a un grupo de gente que, pese a la lluvia, el frío y el cansancio, allí se mantuvo durante buena parte del fin de semana para reclamar medidas que protejan a la ría de Arousa de una posible Marea Negra. Mucho tiempo El encierro en A Illa duró poco más de veinticuatro horas. El tango asegura que 20 años no son nada, pero yo sostengo que un solo día de encierro da para mucho. Da para enfadarse mucho, para despotricar mucho y quién sabe si también para que al día siguiente lleguen dos mil metros de barreras. Da para hacer amigos y para darse cuenta de cuáles son los asuntos que realmente importan. Una única inquietud Un solo tema de conversación y una única preocupación. Toda la prensa española desplegada sobre los mostradores municipales y todos los ordenadores concentrados en buscar las últimas noticias en internet. Pero la noticia estaba allí, en los escasos metros de la casa consistorial isleña. Allí estaba toda la angustia de una comarca que mira hacia el mar esperando que siga conservando su color azul. La entrevista indiscreta Los niños son terribles. Su curiosidad no tiene fin, y su lógica resulta aplastante. Por eso, el alcalde de A Illa se las vio y se las deseó para contestar a las preguntas planteadas por los pequeños reporteros de Radio Carcamán. No fue el único que tuvo que pensar antes de contestar. A Beiras también lo asaltaron los manifestantes más pequeños para plantearle, corrección política al margen, todos los miedos que estos días escuchan por todos lados. Un siniestro dibujo Ese miedo también ha calado en los más pequeños. En A Illa, un padre contaba como su hijo había comenzado a dibujer el mar cubierto de manchas de color oscuro. «¿Es esto lo que está pasando?», preguntaba. Preguntamos.