AREOSO MARÍA REY
11 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.EL AÑO ya no se divide en meses. Las grandes empresas han encontrado una fórmula mejor para trocear el tiempo que nos ha tocado vivir. Y en siglo XXI transcurrirá, como ya lo hizo el XX, de campaña publicitaria en campaña publicitaria. Por eso ahora, cuando noviembre aún no ha cruzado el ecuador, ya estamos condenados a vivir en la eterna Navidad. En los escaparates comienza a aparecer la nieve, las estrellitas y los arbolitos. En Valga ya tienen casi listo el belén mecánico. Y en el super, las tabletas de turrón han abandonado el almacén para llegar, por autovía, a los pasillos más transitados... Y lo que nos queda. Especialmente, a esa minoría silenciosa que vive las festividades de diciembre con la misma frialdad con la que el clima nos envuelve. Porque en este calendario de mentirijillas en el que estamos inmersos, mientras saboreamos las castañas asadas propias de la temporada ya tenemos que estar pensando en la lista de Papa Noel y de los Reyes Magos. Los más pequeños eligiendo entre el surtido de juguetes que vomita la televisión. Y los mayores buscando la alternativa económica a esas peticiones millonarias. Menos mal que pronto llegará el carnaval.