Falsificaciones en Rey Daviña

La Voz

AROUSA

Las timadoras peinaron los establecimientos comerciales de la céntrica calle vilagarciana, con un billete legal de 100 euros como gancho

04 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El de las monedas no es el único fraude detectado hasta el momento en Vilagarcía. La aventura de dos hábiles mujeres foráneas, que han sido identificadas tras peinar el mes pasado la calle Rey Daviña, destila mucha más enjundia. Dejando a un lado la calderilla, las dos timadoras se dedicaban directamente a los billetes de 50 euros. Y el asunto funcionó. El método empleado desvela oficio y reflexión. Una de las dos mujeres, madre e hija para más señas, se introduce en un establecimiento determinado y solicita un producto, del que dice no recordar el nombre. El comerciante busca, y ofrece lo más parecido a las características demandadas por la clienta, normalmente una mercancía de precio reducido. Y es aquí donde funciona el gancho. Para pagar, la timadora desenfunda un billete de 100 euros, doblado y arrugado. El cochambroso aspecto del dinero, unido al recurso a tan elevada suma, levanta las lógicas sospechas del responsable del local. Intuyendo que hay gato encerrado, el comerciante examina el billete, pero debe rendirse a la evidencia: es completamente legal. De esta forma, la timadora vence la suspicacia inicial. La secuencia continúa, el cambio sale de la caja y es entregado a la clienta. Entre las distintas piezas se encuentra, en la mayoría de las ocasiones, un billete de 50 euros. Mientras todo ello ocurre, la mujer ha decidido que, en realidad, el producto no es el que ella desea. Por lo tanto, lo devuelve. Y, con él, el dinero del cambio. Sucede que el billete de 50 euros, que inocentemente había entregado el comerciante, ha sido sustituido por uno falso. El timo ha sido ejecutado sin que la víctima se percate de nada. No hay pruebas Una vez recorrida convenientemente la zona, las mujeres pusieron pies en polvorosa. Nadie ha vuelto a verlas en Vilagarcía desde hace semanas. Según una de sus víctimas, la Guardia Civil intenta apresarlas en mercadillos y otras citas comerciales. Pero la tarea no resulta fácil. Lo más habital es que la principal prueba, el propio billete falsificado, pase de mano en mano antes de que alguien lo detecte, con lo cual su rastro se pierde. La mejor receta sigue siendo revisar la caja.