Un paraíso doméstico

F. Iglesias VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

La feria ofrece todo tipo de adelantos para el hogar del siglo XXI

27 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Si su cuenta corriente lo aguante, sea fémina o varón, lo guste lo moderno o lo clásico, Fexdega es la feria para modernizar su hogar. Lo práctico y lo que el bienestar reclama se dan cita en los distintos expositores para sorpresa de los visitantes y miedo de la cartilla de ahorro, pero no porque los precios sean excesivos sino porque hay muchas cosas que comprar. El paseante con ganas de modernizar su casa puede encontrar el perfecto robot (hasta la fecha) para la limpieza. Tiene aspecto de aspiradora tirando a grande, pero en realidad es un centro de limpieza, aspira, limpia los trajes, los sofás, puerifica el aire, limpia los alicatados y todavía le queda tiempo y potencia para tareas menores. En Fexdega hay varios exposiroes que ofrecen aparatos de este tipo. Los sofás también ocupan un gran espacio en Fexdega. Los hya de diseño, de todos los colores, de los que están destinados a quitar el estrés a quien se siente y también los hay de los que dan masaje en la espalda y hasta donde pierde el nombre. La oferta es espectacular y da envidia, sobre todo después de patearse todos los pasillos, quien se alquilaría un sofá para un cuarto de hora. También Fexdega sirve para renovar el colchón, ahora que los anuncios de la tele nos avisan que hay que cambiarlo cada diez años. Pues mire, látex a la cabeza la gama es grande. La cosa no se detiene aquí, aunque su casa ya tenga más maquinaria de la que cabe en el trastero que vendían como gigantesco y sólo lo era para Pulgarcito. También hay baterías de cocina de astronómicos cometidos, vajillas, cuchillerías, artefactos que en el futuro sustituirán a la fregona y a la escoba, adaptándose a las esquinas y a las necesidades del futuro. No me pregunten cómo lo hace. El mundo de los complementos comienza a escapárseme cuando calculo lo que cuesta renovarse. Sobre todo cuando empiezo a ver que podría comprarme una ducha de hidromasaje y sacudirme el cuerpo con el agua corriente.