«Todas las industrias que queman sustancias cabrían en mi proyecto»

enrique lapido VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

El investigador presenta en Fexdega un sistema de eliminación de las dioxinas emitidas a la atmósfera por actividades contaminantes

24 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El tratamiento efectivo de las dioxinas emitidas a la atmósfera por las industrias contaminantes encuentra una respuesta en el proyecto que Alfredo Peris expone en la feria Fexdega. El investigador, médico de formación y director de dos laboratorios clínicos en A Coruña, confía en el éxito de una iniciativa en la que empresas como Ence han demostrado su interés. - Su proyecto es capaz de eliminar las dioxinas emitidas a la atmósfera. - Sí. Y tiene muchas aplicaciones prácticas. Podríamos hablar de refinerías, centrales térmicas, celulosas y, por supuesto, de la gestión de la basura generada por las ciudades. En definitiva, todas las industrias que quemen sustancias orgánicas podrían englobarse dentro del ámbito de mi proyecto. - ¿Cuándo inició el estudio de las dioxinas? - Hace tres años y medio, con motivo de la crisis de los pollos intoxicados por dioxinas en Bélgica. La explicación a aquel suceso fue sencilla. Una incineradora cercana a las granjas contaminó los piensos y luego fueron los pollos los intoxicados. Se «contaminó» esa cadena natural. Aquello me motivó para estudiar este campo. - La incineración, por tanto, es un medio irremisiblemente contaminante. - Es preciso diferenciar entre los dos sistemas de incineración empleados hoy en día para eliminar los residuos orgánicos. Uno consiste en quemar esos restos a una temperatura que oscila entre los 300 y los 400 grados centígrados. A esa temperatura las dioxinas gasesosas que no han desaparecido durante el proceso de combustión son recogidas en un filtro colocado en el tramo superior del conducto de aireación. El inconveniente de este método es que hay que reciclar y tratar esos filtros. - ¿Y el otro sistema? - El segundo método consiste en elevar la temperatura hasta los 700 grados. Tanto calor destruye por completo las dioxinas. El problema que presenta este sistema es meramente económico. El coste que supodría, por ejemplo, quemar a esa temperatura toda la basura que produce cada día una ciudad implicaría un gasto energético muy grande. Por eso es un sistema poco extendido. - ¿En qué consiste su proyecto? - Pues es una combinación de ambos sistemas. Se trata de quemar los residuos a una temperatura de 300 o 400 grados. Los productos gaseosos derivados de la combustión pasarán por un conducto en el que la temperatura se habrá elevado hasta los 700 grados. Tres segundos a esa temperatura son suficientes para destruir las dioxinas. - Y problema resuelto. - No. Las moléculas cancerígenas volátiles habrían desaparecido. Ahí sí que ponemos un punto y final. Pero los componentes de esos gases quedarían liberados porque la moléculas químicas se habrían «roto». Algunos de ellos serían tóxicos y como tales requerirían un tratamiento aparte. Otros, sin embargo, serían inocuos. - Entonces, sí hay un pero. - Según como se mire. Tarde o temprano iba a suceder eso, los componentes iban a quedar libres en la atmósfera. Mi proyecto lo que hace es apurar un proceso de reciclaje natural, originar un «reciclaje rápido», porque en un plazo de diez o quince años las dioxinas habrían desaparecido por sí solas y entonces sólo quedarían de nuevo esos componentes estructurales. - ¿Qué condicionamientos ve a la viabilidad de su proyecto? - Realmente veo muy pocas. En el aspecto técnico apenas existen problemas. La temperatura requerida, que puede parecer excesiva a simple vista, no es nada comparada con la de los hornos de vidrio, por ejemplo, que alcanzan los 1.200 grados. Y en el aspecto económico la inversión tampoco sería desmedida comparado con las enormes ventajas medioambientales que implicaría ya a corto plazo.