La casa da cultura sirve de escenario a la obra de Miguel Pereira, artista madrileño muy vinculado a Galicia, que hace del contraste la clave de sus creaciones abstractas
28 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Un poco de pintura La tarde de ayer fue distinta. Un poco cansada de ir a la playa, de hacer senderismo y de navegar por internet decidí dedicar mi tiempo a algo productivo. La respuesta la encontré a las puertas de la casa da cultura. Un cartel anunciaba la exposición de Miguel Pereira Figueroa. Picada por la curiosidad de saber qué se cocía allí , entré con paso firme decidida a encontrarme con el arte en mayúsculas. Color con sentimiento Al principio no entendía nada de lo que veía. Las paredes estaban llenas de paneles de colores. La verdad es que no acababa de verlos en mi salón, colgados al lado de mi megatelevisor de 35 pulgadas. Pero cuando di una segunda vuelta por la sala, lo vi todo claro. Aquellos trazos no eran sólo pinceladas de colores: tenían un significado. Reflejaban las obsesiones de su creador y yo me sentí contagiada de sus sentimientos. Cada paletada de color era como una puñetazo de nuevas sensaciones. Sana y culta Bueno, hablando de contagios y puñetazos parece que me enterraron allí mismo. Pero la historia terminó con un final feliz, como no podía ser menos. Salí de la casa da cultura contenta porque me había sentido realmente imbuida del sentido de aquella palabra: cultura. Les recomiendo que también se acerquen ustedes. Aún tienen tiempo: hasta el 22 de septiembre los cuadros de Miguel Pereira permanecerán disponibles para todos los vilagarcianos; luego, levantarán el vuelo hacia otra sala de exposiciones En España y el extranjero Y es que el artista madrileño cuenta con obras expuestas en diversoso centros públicos nacionales y foráneos. Así sucede con el sevillano Salón de autoridades de la Estación de Santa Justa o con la lejana Universidad de Trier, en Alemania. Pero quien quiera ver alguna de estas creaciones no necesita ir tan lejos. Los residentes en Pontevedra pueden acudir al recibidor de la estación de autobuses y los que viven en Santiago, acercarse al Museo do Pobo Galego. Todo un lujo al alcance de la mano. O de los ojos.