La fiesta, con comida entra

Begoña Paso begona.paso@lavoz.es

AROUSA

MARTINA MISER

Los festejos dan sus últimos coletazos. Unos 300 comensales se reunieron ayer en Ribadumia en torno a la mesa, y en Cambados hubo mejillones y queimada

24 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Mayores sí, pero con mucho humor Más de trescientos comensales habían reservado ayer sitio en la comida organizada por el Concello de Ribadumia para las personas mayores del municipio. La carballeira de Ribadumia con un buen catering ofreció un marco perfecto para la ocasión teniendo en cuenta el sol que había a esa hora que caía aplomo en estas tierras nuestras de O Salnés. A las dos de la tarde ya se había empezado a dar buena cuenta del vino tinto, la empanada y el pulpo á feira y empezaba a sonar la música de Mocedades que ambientó la fiesta con esos temas de siempre. «Esta España mía, esta España mía, esta España nuestra...». A las ocho de la tarde todavía continuaba la fiesta. Y aunque la cita estaba preparada para los abueletes allí estaba también una jovencísima Salomé Peña, qué para algo es la alcaldesa de Ribadumia. Turistas que no falten En Cambados si no toca fiesta en el calendario, se inventa. Ayer se celebró una nueva edición de la Festa do Turista con la que el Concello pretende homenajear a los visitantes que acuden verano tras verano al municipio. Y como una de las cosas que más aprecian es la comida, sobre todo si es gratis, ayer tuvieron buena ocasión para satisfacer su apetito con dos toneladas de mejillones y quinientos kilos de patatas. La música caldeó el ambiente y la queimada vino después, para alegrar la noche. Los protagonistas eran los turistas pero los cambadeses también se apuntaron a la cita porque, en cuestiones del comer y del beber, no hay quien les gane. El jamón se chamuscó Pero ayer también hubo comida que se echó a perder. Al menos en una jamonería de Vilagarcía donde una hermosa pata de cerco asado sucumbió a las llamas de los fogones. El caso es que fueron tan sólo unos segundos pero incidente en la cocina causó tal humareda que una se puso dramática y le vino a la mente El Coloso en llamas. Al final fue sólo un susto, pero como toda precaución es poca, el propietario del local prefirió ver el espectáculo desde la acera de enfrente.