Vilagarcía se apunta a la exaltación del pescado de las mil salsas, con una celebración gastronómica que agradecerán los paladares y los bolsillos
15 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.A las dos salsas Amigas, hoy toca rechupeteo. Olvidad por un momento esas molestas calorías y echad la casa por la ventana, que empieza uno de esos fines de semana gastronómicos que no conviene perderse. Los fogones se encendieron ayer, en Vilagarcía, con la exaltación del bacalao. Y de verdad que merece la pena. Entré con hambre, y salí comida y merendada. Palabra. Ese dinerillo No es que el bacalao esté tirado de precio. Pero la primera sorpresa agradable fue la factura: siete euros por una ración. Visto como está el asunto en otras fiestas, que se celebran estos días no muy lejos de Fexdega, no puede haber queja alguna. Un amigo me cuenta que en ese otro lugar de papatoria vuelan los sablazos. Una ración de queso cuesta seis euros. ¿Y una tabla de quesos? Cualquiera diría que el plato consiste en muestras de dos o tres quesos diferentes. Naa, ni mucho menos. Una tabla de quesos es, en tal emplazamiento, lo mismo que una ración, sólo que sobre una tabla de verdad, y al doble de precio. Doce euros, y te llevas para casa un pedazo de madera. Vaya, vaya. Dos especialidades En fin, quizás el único detalle sea que las especialidades anunciadas para la ocasión se redujeron finalmente a dos: a la gallega y al horno. Una pena, porque me relamía ya pensando en el bacalao a la portuguesa y a la vizcaína. ¿Quizás el año que viene? Por lo demás, bien apetitoso estaba. Fraternal ocasión Esto de comer, ya se sabe, le abre a uno los ojos en la sobremesa. Con el estómago bien calentito, una tiene ese vicio de mirar quién se sienta en el banco de al lado. Turistas catalanes, visitantes vascos, paisanos, por supuesto, y alguna que otra sorpresilla. O no. El alma máter de la fiesta, José Manuel Pérez Vallejo, departía alegremente con Armando Blanco, el inefable alcalde de Teo. La verdad es que Armando sabe un rato de estas cosas del comer. Desde su mesón de Cacheiras reparte tortillas a media Galicia. Lástima que otras digestiones, las urbanísticas, sean más pesadas.