La policía recomienda extremar las precauciones para evitar percances en los arenales La Guardia Civil investiga una oleada de robos en los párkings de la playa de A Lanzada
29 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.A Un gran día de playa puede verse frustrado por muchas razones. La picadura de una faneca o el peaje de las largas horas de cola y de aserejé en la carretera pueden echar por tierra la paz de espíritu lograda a la orilla del mar. Pero hay otro enemigo a tener en cuenta: los cacos que aprovechan los despistes ajenos ocasionados por el ansia de chapuzón y toalla para sacar un beneficio. El pasado domingo, al menos cinco bañistas que acudieron a A Lanzada fueron víctimas de un ladrón especializado en realizar su trabajo en párkings de playas. Cuando volvieron a su coche, cargados de arena y sol, descubrieron que aún no había llegado la hora de volver a casa: se imponía una visita al cuartelillo de la Guardia Civil para denunciar el robo de los objetos que habían dejado, muertos de calor, en el interior de sus coches. «¿Qué habré hecho yo para merecer esto?», debieron preguntarse los conductores cuyos coches habían sido violentados. Algunos quizás tuviesen mala suerte y dejasen su vehículo al lado del de los ladrones. Pero lo más probable es que pequeños errores convirtiesen a su vehículo en un claro objetivo para los cacos del verano. Para evitar ser víctima de un domingo de playa hay que seguir una serie de rutinas. 1 Cuidado con los objetos de valor. En cuanto a los objetos de valor, mejor que ni siquiera se acerquen con ellos a los arenales. Dejarlos en el conche es un riesgo, pero abandonarlos en la bolsa de la playa mientras dura el baño o el paseo es igual de imprudente. 2 No dejar nada a la vista. Evitar la tentación es el primer paso para no convertirse en víctima de un ladrón. Por eso, la policía recomienda que nunca se deje nada en el coche. Pero está claro que eso no siempre es posible. En ese caso, ha llegado la hora del maletero. 3 Cerrar bien el vehículo. Parece de perogrullo, pero no lo es. Un seguro sin echar o una ventanilla mal cerrada se pueden convertir en la puerta de entrada del ladrón. Y despistes, haberlos hailos. Por eso, antes de despedirse del coche es recomendable comprobar que todo ha quedado sellado a cal y canto. De esa forma, pondremos un obstáculo más a una desagradable sorpresa. 4 Visitar el aparcamiento. Es un sacrificio: levantarse de la toalla e ir a dar un paseo hasta el coche, atravesando un desierto de asfalto, para comprobar que todo está en orden. Pero es un sacrificio que puede evitar sorpresas. Sobre todo, si el bañista ha llegado a la playa a primera hora de la mañana para pasar sobre la arena todo el día. Hacer incursiones en la zona de aparcamiento puede espantar a los merodeadores.