Los inquilinos de la casa de Sobradelo conviven en armonía pese a sus diferencias culturales Él se prepara para vivir el ramadán con oración y ayuno. Ella es católica y va a misa con regularidad a la iglesia de Sobradelo. Ferid es varón y tiene 26 años. María Sonia Castro es mujer y tiene 56. Él es de Túnez. Ella, de Colombia. Él no comer carne y ella disfruta de poder hacerlo. Sólo les une el deseo a establecerse en España y huir de las miserias de sus respectivos países de origen. Y a pesar de tantas diferencias, conviven en armonía y ayudándose mutuamente en el hogar para inmigrantes que Cáritas regenta en Sobradelo. La clave para superar tantas barreras la dio ayer Ferid cuando, en una mezcla de español e italiano dijo, convencido: «Ella es persona y yo soy persona».
09 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.SUSANA LUAÑA VILAGARCÍA Ferid estrenó hace dos meses la casa de acogida de Sobradelo. Llegó a Vilagarcía a través de la Cruz Roja de Pontevedra. Cumplía con los requisitos para integrarse en el programa y, tras pasar varios días en el albergue de transeúntes de Cruz Roja, se les dio una plaza en el hogar de Sobradelo. María Sonia Castro llegó hace dos semanas derivada de los servicios sociales de Barro. Lo hizo en un triste estado de deterioro, ya que no tenía donde dormir ni parientes que pudiesen ayudarle. Vidas cruzadas Las historias de estas dos personas cuyas vidas se cruzaron en Vilagarcía no tienen nada en común. Feriz estudió Primaria y algunos cursos de Secundaria en Túnez. En su país encontró algún puesto de trabajo pero su sueldo era el mismo que lo que le costaban un par de zapatos. Así que no se lo penso mucho y tomó un avión. «No pensé en venir a España. Sólo quería estar en su país donde pudiese vivir tranquilo». Llegó a Barcelona hace algo más de un año. Luego se fue a Italia, donde trabajó en hostelería. «Pero los italianos son muy machistas», resalta. De ahí pasó a Francia, donde hizo algunos amigos que le hablaron bien de España. Se decidió a venir con ellos a Pontevedra y de allí, a través de Cruz Roja, entró en la casa de acogida de Sobradelo. «Aquí me encuentro muy bien. Por ahora no noté que hubiese racismo. Trabajé en la vendimia e hice algunos amigos. La gente es normal». Ferid tiene ya su pasaporte y una oferta de trabajo. Si soluciona los papeles podrá regularizar su situación en España y abandonar la casa. A María Sonia Castro la vida se le complicó en los últimos años por las dificultades que atraviesa Colombia. Madre de cinco hijas y un hijo, su situación fue durante mucho tiempo desahogada, no en vano todos sus hijos tienen estudios. Viaje a España Una amiga de Cádiz la convenció para que se viniese a España, y como su hijo esperaba encontrar un trabajo aquí, aceptó. Pero la acogida no fue tan buena como esperaba y se desplazó a Barro donde su hijo tenía amigos. Cuanto estos conocidos marcharon al País Vasco se quedó sola. Fue entonces cuando los servicios sociales se pusieron en contacto con Cáritas y se decidió su acogida en Sobradelo. Las pesadillas todavía le acompañan, pero vive con esperanza la llegada de su hijo, que tiene ya un trabajo como vigilante de una discoteca en el País Vasco. «Lo único que quiero es vivir aquí con mi hijo, hacerle la comida y cuidarle», dice emocionada.