Una falsa amenaza de bomba desata una alarma desmedida sobre un supuesto piso franco en O Grove La Guardia Civil es concluyente. En O Grove no se hizo explosionar ninguna bomba ni se encontró ningún piso franco. Pero de la existencia de bombas y de terroristas se habló ayer, y mucho, en todo el municipio. Un rumor de verano que cuajó entre los vecinos por dos razones: la primera, una falsa amenaza de bomba en la zona portuaria. La segunda, los «controles rutinarios» que la Benemérita realizó el martes en la entrada de la península meca. Ambos hechos, sumados a la sicosis desatada en las zonas turísticas tras el atentado en Salou, compusieron el campo de cultivo para esta serpiente estival.
22 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.REDACCIÓN O GROVE «No se sabe si es que apareció una bomba en O Corgo, o si es que vieron a la Bombi en un coche por esa zona». Los vecinos de O Grove enmascaraban ayer con humor el comentario que estaba en todas las bocas: la supuesta desarticulación de un piso franco en el municipio. Pero ni bombas, ni La Bombi, ni nada de nada. Afortunadamente, la vida en O Grove sigue siendo tan apacible como siempre. Con un poco de tráfico de más, quizá. El eco que produce el boca a boca fue el padre de esta serpiente de verano. Una falsa amenaza de bomba recibida el domingo por la Guardia Civil es el primer eslabón de esta cadena. Ese día, los agentes se trasladaron hasta O Corgo para comprobar los hechos. Y lo que comprobaron fue que de artefactos explosivos, nada. El segundo eslabón de la cadena hizo acto de presencia el martes. Un control de la Guardia Civil a la entrada del municipio despertó las primeras conjeturas. «Algo deben de andar buscando, porque los agentes no eran de aquí», explicaban ayer algunos vecinos. Los rumores amplificados llegaron incluso a oídos de la Policía Local y del alcalde. Miguel Ángel Pérez se apresuró a aclarar el asunto. Y lo mismo hizo la Guardia Civil, que se esforzó por dejar claro que los controles que se realizan en la península meca no son excepcionales, sino pura rutina durante los meses de verano. Las aclaraciones oficiales llegan cuando algunos habían pasado ya algún que otro susto. Como una trabajadora que estuvo cerca del pánico al descubrir una mochila abandonada durante media hora en su oficina. Cuando ya iba a llamar a la policía apareció el propietario de la bolsa. «Pero el miedo que pasé no me lo quita nadie».